Religiosas
El Abad de la Dormición denuncia una escalada de ataques anticristianos en Israel con un aumento del 63 % en 2025

La agresión a una religiosa francesa en las inmediaciones del Cenáculo, los escupitajos a las puertas de la catedral armenia de Santiago y la profanación de símbolos cristianos por soldados israelíes en el sur del Líbano componen un panorama cada vez más hostil para la minoría cristiana en Tierra Santa.
El abad Nikodemus Schnabel, benedictino de origen alemán responsable de la basílica de la Dormición en el monte Sión de Jerusalén, denuncia en una entrevista concedida a AsiaNews que, «por primera vez», en la cúpula del poder israelí hay personas «que odian a los cristianos», y que ese es «un hecho bien sabido».
Un ministro que «odia el cristianismo»
La situación, según el abad Schnabel, resulta especialmente alarmante porque quien debería garantizar la seguridad de las comunidades cristianas es precisamente quien en el pasado defendió a quienes las atacaron. «En 2015 sufrimos un terrible incendio provocado en Tabgha. El abogado que defendía a los pirómanos era Itamar Ben-Gvir», recuerda el religioso. Ben-Gvir es actualmente ministro de Seguridad Nacional de Israel. «Este hombre que odia a los cristianos, que realmente odia el cristianismo, es ahora el responsable de mi seguridad; y esto es algo verdaderamente horrible e increíble», afirma.
A ello se suma, prosigue, «la creciente violencia de los colonos, como ocurre en Cisjordania», y menciona como ejemplo la aldea cristiana de Taybeh, «que desde hace tiempo se encuentra amenazada». El problema, precisa, no se reduce al racismo, sino que responde a una ideología kahanista, vinculada al movimiento extremista religioso judío inspirado en el sionismo de derecha. «Estamos asistiendo a un renacimiento de este extremismo judío, de esta ideología terrorista», que no deja espacio ni reconoce derecho a la existencia a otras realidades, incluida la cristiana.
Una escalada de ataques en pocas semanas
Los episodios recientes se han sucedido con rapidez. El 19 de abril, en la aldea cristiana de Debel, en el sur del Líbano (zona de operaciones militares israelíes), un soldado profanó una cruz de Jesús golpeándola con una maza. También en Debel, aunque el hecho se conoció semanas después, otro soldado colocó un cigarrillo en la boca de una estatua de la Virgen María.
El 28 de abril se produjo el episodio quizá más grave: un hombre vinculado al extremismo judío agredió a una religiosa francesa en Jerusalén, cerca del Cenáculo. La religiosa fue golpeada por la espalda, arrojada al suelo y pateada. Las cámaras de seguridad grabaron la escena, que se difundió ampliamente y confirmó la gratuidad del ataque. El agresor, Yonah Shreiber, de 36 años, fue detenido y acusado formalmente por la fiscalía. Según la acusación, agredió a la religiosa porque vestía hábitos y objetos que reflejaban su fe, en un ataque motivado por el «odio confesional».
Días más tarde, un colono judío fue grabado mientras escupía ante la puerta de la catedral armenia de Santiago, también en Jerusalén. Tras el gesto, el hombre se encaró con las cámaras y utilizó el dedo medio para formar una cruz.
Un 63 % más de actos hostiles en 2025
Las cifras confirman la tendencia: los actos hostiles contra cristianos en Israel han aumentado un 63 % en 2025. Los más frecuentes son los escupitajos (más del 50 %), seguidos de insultos, gritos o amenazas (18 %), ataques a símbolos religiosos (15 %), violencia física (5 %) y profanación de lugares sagrados (3 %).
El propio abad Schnabel ha sido blanco de escupitajos por parte de extremistas judíos y, en un episodio polémico, las autoridades israelíes le pidieron que se quitara la cruz mientras se encontraba cerca del Muro de los Lamentos. Algunas zonas de la Ciudad Santa son especialmente sensibles, explica: la Vía Dolorosa y el monte Sión, donde la abadía de la Dormición se encuentra cerca de la Tumba de David, un lugar que grupos nacionalistas y radicales reivindican como propio y exclusivo. «Estas personas dicen que nuestra iglesia debe ser destruida y que se deben eliminar todas las iglesias», afirma. «Quieren borrar la presencia cristiana de Jerusalén, ese es el objetivo».
«Ya no hay lugar para nosotros»
Muchos cristianos sienten que «ya no son bienvenidos», señala el abad, y los que tienen propiedades en Chipre o Grecia, como los cristianos de Nazaret o Haifa, «se plantean seriamente marcharse». Schnabel recuerda que en el pasado las propias autoridades israelíes «utilizaban» a los cristianos para promover el turismo religioso, y que cuando entró en la vida monástica, en 2003, «la gente estaba orgullosa de que los Santos Lugares estuvieran en Israel, de que fuera la patria del cristianismo, del islam, del judaísmo, de los drusos, de los baha’ís. Era un lugar abierto a todos». Hoy, lamenta, la opinión dominante es que «Israel es para los judíos, y las minorías, aun cuando son toleradas, deben mantenerse en silencio y no ser visibles».
La interrupción de las peregrinaciones a causa de la guerra en la región agrava la situación. El abad teme que se acabe creando lo que denomina una «Disneylandia cristiana»: «Donde haya benedictinos alemanes, franciscanos italianos o dominicos franceses, pero desaparezcan precisamente los cristianos locales». La guerra, añade, sirve de cobertura: «A la sombra de la guerra, las personas se muestran más abiertas y menos temerosas de manifestar su odio».
No obstante, Schnabel distingue entre la actitud oficial y la de buena parte de la sociedad civil israelí. «Muchos de mis amigos judíos israelíes están tristes e infelices por lo que está sucediendo y ellos mismos están asustados por el rumbo que ha tomado la sociedad», reconoce, y menciona instituciones como el Rossing Center for Education and Dialogue como ejemplo de solidaridad. «Hay una profunda diferencia entre una sociedad civil solidaria y un Israel oficial que no hace lo suficiente contra el fenómeno del terrorismo judío», concluye.
Fuente: Infovaticana