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Religiosas

La música no es un adorno: León XIV reivindica el canto sacro como acción litúrgica

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El Papa dedica su catequesis al capítulo sobre música sagrada de la Constitución conciliar, apoyándose en San Agustín, San Pío X y Benedicto XVI para reivindicar el canto como oración.

 

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 León XIV ha dedicado su catequesis de este miércoles en la Basílica de San Pedro a la música sagrada, subrayando que constituye parte integrante de la acción litúrgica y no un mero adorno de la celebración. El Papa ha proseguido así su ciclo sobre los documentos del Concilio Vaticano II, centrándose en el sexto capítulo de la Constitución Sacrosanctum Concilium, dedicado a la música sacra y a su vínculo con la liturgia.

En su séptima catequesis sobre el documento conciliar, pronunciada ante unos cinco mil fieles y peregrinos, el Pontífice ha partido del número 112 de la Constitución: «La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne». Y ha precisado que la música sacra «será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados».

León XIV ha situado en estas palabras «el núcleo de la enseñanza conciliar», que confirma y profundiza en la función ministerial de la música en la liturgia, ya resaltada por San Pío X en el Motu Proprio Inter sollicitudines (22 de noviembre de 1903).

Cantare amantis est: cantar es propio de quien ama

En la liturgia, ha explicado el Papa, cantar y tocar significa rezar, «sintonizando el propio corazón con el de las hermanas y los hermanos y con Dios, en la participación activa en el misterio celebrado». La música expresa la dimensión afectiva de la oración, como afirma San Agustín: «Cantare amantis est», es decir, «cantar es propio de quien ama» (Sermo 336,1). «Esto es muy importante, porque ayuda en abrir el corazón a la acción de Dios en la gracia y en dejarse moldear por ella», ha añadido.

El canto, además, favorece la comunión eclesial. «Por medio de la sinfonía de las voces contribuye a unir los ánimos, superando las diferencias entre las personas y reuniendo todos en la alabanza a Dios», ha señalado León XIV. De este modo, el canto litúrgico «se convierte en una epifanía de la Iglesia, manifestación tangible de la comunión que pertenece a su naturaleza».

Exigencias del canto sacro

El Papa ha abordado a continuación los requisitos que se derivan de la relevancia teológica del canto sacro como parte integrante de la liturgia. La primera exigencia es que, «más allá de las modas o de las sensibilidades particulares de los autores, debe responder en todos los niveles a lo que resulta más adecuado para el momento de la celebración». En cuanto a la forma, «especialmente en su aspecto melódico, debe ser a la vez noble y sencilla, de alta calidad musical y fácil de ejecutar, sobre todo cuando está destinada a ser cantada por toda la asamblea» (cf. SC, 121).

Por la misma razón, el Concilio recomienda que los textos «sean adecuados, profundos y, al mismo tiempo, simples de comprender, inspirados principalmente en la Sagrada Escritura, en los libros litúrgicos y en la Tradición espiritual de la Iglesia». León XIV ha vinculado este criterio al principio lex orandi lex credendi: la ley de la oración es también la ley de la fe.

Participación activa de los fieles

La Sacrosanctum Concilium dedica un espacio notable al tema de la participación activa de los fieles (cf. n. 114). El Papa ha citado a Benedicto XVI para precisar que esta participación «se ha de comprender partiendo de una mayor toma de conciencia del misterio que se celebra y de su relación con la vida cotidiana» (Sacramentum caritatis, 52), en un «espíritu de conversión continua que ha de caracterizar la vida de cada fiel» (ibid. 55).

Sobre los modos concretos de realizarla mediante la música sagrada, el Pontífice ha recordado la respuesta de la Constitución conciliar: «Se fomentarán las aclamaciones del pueblo, las respuestas, la salmodia, las antífonas, los cantos» y «un silencio sagrado» (SC, 30), exhortando a cada uno, ministro o simple fiel, a desempeñar «todo y solo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas» (SC, 28), en el equilibrio armonioso entre los distintos ministerios, las diversas intervenciones y los momentos de silencio.

Canto gregoriano e inculturación

El Concilio concede gran importancia al canto gregoriano, «sin excluir de la celebración otros géneros de música sagrada», ha recordado el Papa. Se presta también especial atención al órgano (cf. SC, 120), mientras que se admite el uso de otros instrumentos «siempre que sean aptos o puedan adaptarse al uso sagrado, convengan a la dignidad del templo y contribuyan realmente a la edificación de los fieles» (SC, 120).

En materia de inculturación, León XIV ha subrayado la importancia de tener muy en cuenta las tradiciones musicales de las diferentes culturas, «como parte de la vida religiosa y social de las personas». El Concilio recomienda poner en práctica una adecuada «educación del sentido religioso» (SC, 119) y que, «dentro de lo posible, puedan promover la música tradicional de su pueblo, tanto en las escuelas como en las acciones sagradas».

Formación musical en seminarios y noviciados

El Papa ha mencionado también la función específica de la schola cantorum, instrumento pastoral con la misión de «velar por la ejecución exacta de las partes que le corresponden» y «favorecer la participación activa de los fieles en el canto». El compositor de música sacra, ha añadido citando a San Juan Pablo II, debe conocer y preservar el patrimonio musical de la Iglesia para dar vida a nuevas composiciones que aseguren «dignidad y bondad de formas a la música litúrgica» (Quirógrafo sobre la música sagrada, 22 de noviembre de 2003, 3).

Por todas estas razones, los Padres conciliares recomiendan fomentar la formación y la práctica de la música sacra «en los seminarios, en los noviciados de religiosos de ambos sexos y en las casas de estudios, así como también en los demás institutos y escuelas católicas» (SC, 115), garantizando a los músicos y cantantes una sólida formación litúrgica.

León XIV ha concluido su catequesis con unas palabras de San Ignacio de Antioquía: «Que cada uno de vosotros también se convierta en coro, a fin de que, en la armonía de vuestra concordia, toméis el tono de Dios en la unidad, cantéis a una sola voz por Jesucristo al Padre, a fin de que os escuche y que os reconozca, por vuestras buenas obras, como los miembros de su Hijo» (Carta a los Efesios, 4,2).

En sus saludos a los peregrinos de lengua española, el Pontífice les invitó a reflexionar sobre el canto litúrgico como símbolo de la comunión eclesial, pidiendo al Señor «que nos ayude a vivir en armonía y concordia, como un único coro, cuyas melodías y buenas obras glorifican y alaban al Padre por medio de Jesucristo».

Fuente: Infocatolica

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