Kansas transgénero mujeres
El nadador transgénero Lia Thomas. Reuters.

 

Hay una razón para que, incluso en nuestra época ultraigualitaria, existan categorías deportivas masculina y femenina diferenciadas, y en tiempos más cuerdos que los presentes ni siquiera hacía falta argumentarla por parecer obvia. Y es que, si el lema del movimiento olímpico es ‘citius, altius, fortius’, la anatomía masculina, por lo general, permite ir siempre más rápido, saltar más alto, y ejercer mayor fuerza, y si las categorías por sexo desaparecieran, con ellas desaparecería el deporte femenino de competición.

Pero vivimos tiempos de negación de lo obvio, y la nueva normativa olímpica subraya expresamente la «inclusión» de los atletas transgénero, que solo podrán ser descalificados si se aportan pruebas de «una ventaja injusta y desproporcionada», que definirán los responsables de cada modalidad.

«Se debe permitir a los atletas competir en la categoría que mejor se alinee con su identidad de género autodeterminada», declara el Comité Olímpico Internacional (COI) en su documento del 16 de diciembre.

Publicada en el British Journal of Sports Medicine, la declaración representa el paso más reciente en una evolución de décadas de políticas que afectan a las atletas, y sus efectos podrían ir más allá de los Juegos Olímpicos, ya que el COI marca la pauta para el deporte en escuelas secundarias y universidades de todo el mundo.

El documento en cuestión es un intento de aclaración con respecto a la polémica decisión del COI de noviembre de 2021 con respecto a los atletas transgénero donde negaba la «presunción de ventaja» para los competidores masculinos que se declaraban mujeres.

Semejante disparate provocó una protesta generalizada de las atletas, pero la nueva normativa, lejos de aclarar la cuestión, parece haber provocado más confusión y resentimiento entre algunas atletas femeninas destacadas.

Lo que temen es que, al permitir a hombres biológicos entrar en la categoría femenina aún más, el COI pueda acelerar la agonía del deporte femenino. Ya hoy existe suficiente experiencia para observar que los transgénero dominan fácilmente todo tipo de disciplinas deportivas, desincentivando a las mujeres a dedicarse al deporte como actividad vitar y frustrando la creación de talento.

Una de las atletas que saltó a la palestra esta semana ha sido la campeona británica de maratón Mara Yamauchi, que denunció la declaración del COI desde su cuenta de Twitter lamentando: «Su total desprecio por las mujeres y las niñas me hizo enojar tanto que estaba temblando».

El COI asegura que la nueva normativa se ha diseñado después de consultar con «todos los atletas, incluidos los atletas trans y atletas con diversidad sexual, así como expertos en derechos humanos, legales, científicos y médicos».

Los activistas trans, naturalmente, cantan victoria. Los atletas trans, casi exclusivamente hombres biológicos que descubren súbitamente su condición femenina después de años en puestos mediocres de su disciplina deportiva, pasan de la noche a la mañana a convertirse en pulverizadoras de récords en la categoría femenina, marginando a las atletas biológicamente mujeres.

Las exatletas traen en defensa de su causa estudios reconocidos que muestran que, en comparación con las mujeres biológicas, los hombres biológicos tienden a poseer una velocidad, fuerza y resistencia superiores, citando solo algunas de las ventajas que pueden mejorar el rendimiento deportivo.

En 2017, investigadores en Israel informaron haber encontrado más de 3500 diferencias codificadas genéticamente entre hombres y mujeres. Aunque la abrumadora mayoría de la humanidad, en casi todas partes y en cualquier tiempo, no ha necesitado estudio alguno para apreciar lo evidente.

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