Cubanos protestan en La Habana luego del paso del Huracán Ián por la isla. Europa Press

Cuba camina, atormentada, hacia el 64º aniversario de la “revolución”. Contra viento y marea el despropósito que alguna vez capitaneó el asesino comunista Fidel Castro y que hoy lidera el tirano Miguel Díaz-Canel suma otro año en el poder, sojuzgando a miles de personas que desde julio de 2021 han venido dando testimonio de resistencia y coraje frente a las arremetidas de una dictadura que ha desarrollado un sofisticado aparato de represión y chantaje, al punto de revivir los peores horrores del totalitarismo del Siglo XX en pleno Mar Caribe.

Las protestas no han parado

Aunque muchos observadores incrédulos pensaron que con el cierre de 2021 se habían clausurado también las ansias de los cubanos por demandar libertades y democracia, en medio de las históricas protestas que se escenificaron por aquellos días en las calles de la isla, justo es señalar que en el 2022 las manifestaciones no cesaron; todo ello pese a la persecución, los encarcelamientos y la tortura que ha puesto en ejecución el Partido Comunista Cubano.  

El paso de un fenómeno natural -el llamado Huracán “Ian”- en septiembre puso en evidencia la precariedad de la estructura de los servicios públicos en el país, expresada con más fuerza en los constantes apagones que por varios días tuvieron que sufrir familias de toda la isla, que quedó literalmente a oscuras.

De allí se generó una oleada de indignación tanto en La Habana como en otras ciudades de la isla, en donde los ciudadanos, sin miedo, salieron a las calles a reclamar condiciones de vida decentes. Se crea o no, en Pinar del Río (una provincia al este del país), una caravana en la que se encontraba el propio Díaz-Canel llegó a ser objeto de abucheos y muestras de repudio de los ciudadanos indignados durante el mes de septiembre, teniendo que retirarse inmediatamente del sitio sin poder completar la visita oficial que pretendía realizar.

«Están burlándose de uno, que salga (Díaz-Canel) y camine las calles para que vea cómo está el pueblo, vinieron y nada hicieron», se alcanza a escuchar de boca de una cubana indignada en medio de la situación, en un video que circuló profusamente por redes sociales durante aquellos días.

El régimen responde como acostumbra

Frente a un clima de manifestaciones que no ha cesado durante buena parte del año, el régimen se ha decantado por responder de la única manera que sabe hacerlo: echando mano de bloqueos al precario servicio de internet con el que cuentan los cubanos (y evitar así que la información libre circule dentro y fuera de la isla), ejecutando arrestos masivos entre los grupos de manifestantes, implementando la aplicación de juicios sumarios en el que las “sentencias” de numerosos grupos de personas son despachadas de la noche a la mañana y poniendo en práctica los espantosos manuales de tortura que se convierten en el decálogo de toda autocracia que se precie de serlo.

Así, la oenegé Prisoners Defenders reflejó que para finales de octubre 1.027 personas estaban detenidas por ser disidentes políticos del régimen. Sin embargo, lo más curioso de estos números recae en que para la misma fecha del año pasado la dictadura tenía en su poder a 591 detenidos. De allí que en apenas un año Díaz-Canel llevó a más de 500 personas a los calabozos. Esto, como se ha señalado más arriba, demuestra dos cosas: que la gente en Cuba no ha dejado de protestar y, que dichas protestas han sido reprimidas con la misma o mayor intensidad que en 2021.

“Todos ellos son torturados, como demostró el estudio pormenorizado de 101 casos aleatorios denunciado por Prisoners Defenders ante el Comité Contra la Tortura de las Naciones Unidas (CAT) (…) El informe del Comité de los Derechos del Niño, este pasado junio, también confirmó que numerosísimos niños y niñas han sido detenidos y condenados a durísimas penas por ejercer su libertad de manifestación y asociación. En la actualidad siguen condenados muchos niños (…)”, señala el informe de Prisoners Defenders presentado en noviembre de este año, donde también se da cuenta de la detención de decenas de menores de edad a los que la dictadura ha impuesto condiciones de reclusión idénticas a las que experimentan los adultos, quienes en algunos casos han tenido que afrontar condenas de hasta cerca de 30 años de cárcel, sin contemplación alguna.

El correlato de todo esto ha sido, también, el potenciamiento de un nuevo éxodo de cubanos hacia el exterior. La piedra de toque para una nueva escalada represiva que significó la aparición de las concurridas protestas el 11J el año pasado, disparó un nuevo flujo migratorio de personas que busca huir de las condiciones infrahumanas de vida a las que son sometidas por los problemas con servicios básicos y alimentos, pero a la vez por las altas dosis de represión de las eventualmente son objeto si manifiestan su disenso con el sistema imperante.

Se estima que en 2022, por ejemplo, Cuba ha batido su propio récord de migrantes que buscan asentarse en los Estados Unidos. Ni siquiera durante la etapa inicial de la revolución castrista, luego de 1959, o bien en medio del contexto surgido durante el evento del “Mariel”, en 1980, la isla había registrado un contingente humano de tales proporciones que buscara en el exilio una salida desesperada a la crisis. Así, para finales de noviembre del presente año, se calcula que al menos unos 270.000 cubanos habían abandonado su país de origen para enrumbarse a los EEUU.

Díaz-Canel estrecha lazos con el mundo no democrático

En último lugar, pero no por ello menos importante, hay que señalar que 2022 también ha demarcado un espacio de oportunidad para que el dictador Miguel Díaz-Canel pueda retomar su agenda internacional de vinculación con autocracias y regímenes no democráticos que, de una y otra forma, le han servido de sostén económico y político a la tiranía de La Habana.

De este modo, quien encabeza la dictadura se permitió emprender a mediados de noviembre una gira internacional en la que visitó Argelia, Turquía, Rusia y China.

En Moscú Díaz-Canel se entrevistó directamente con Vladimir Putin, ratificándole su respaldo a la invasión a Ucrania, mientras despotricó de las acciones emprendidas por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Allí incluso ambos jefes de Estado inauguraron una estatua en honor a Fidel Castro. Los lazos de dependencia económica que mantiene Cuba con la Rusia de Putin se expresan en el cálculo que para 2020 cifraba la deuda de la isla caribeña para con el país europeo en torno a los 2.300 millones de euros.

En cuanto al régimen de Partido Comunista Chino, hay que apuntar que el tirano cubano se entrevistó en Pekín con Xi Jinping, su líder. De este modo Díaz-Canel se convirtió en el primer presidente hispanoamericano que visitó al nuevo dueño y señor del represivo aparato político-burocrático chino, luego de su ratificación como líder del mismo.

Fuente: La Gaceta

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