Gustavo Petro solicitó en su primer discurso a la Fiscalía liberar a jóvenes presos por delitos que van desde secuestro, homicidio y concierto para delinquir hasta tortura. También habló de «redistribuir» la riqueza mediante una «economía popular» y lanzó un guiño a las dictaduras de la región

Petro sugirió la liberación para integrantes de Primera Línea en su discurso tras resultados
«Solicito al Fiscal General de la Nación que libere a nuestra juventud», dijo Petro en su discurso acompañado de Francia Márquez. (EFE)

Gustavo Petro ofreció su primer discurso como presidente electo de Colombia. Como toda alocución inicial, apeló a frases de supuesta conciliación y repitió una y otra vez las palabras «amor» y «cambio». Pero también dejó ver hacia donde apuntará realmente su gobierno.

Sin perder tiempo, Petro exhortó a la Fiscalía colombiana a liberar a jóvenes presos. «Cuantos jóvenes esposados, cuantos jóvenes tratados como bandoleros solamente porque tenían esperanza, simplemente porque tenían amor». No hizo mención específica a la Primera Línea, pero no hizo falta. Petro está a favor del grupo violento que desató el caos durante el paro nacional del año pasado y al cual la justicia le asigna numerosos delitos. Incluso en enero les prometió indultos si llegaba a la presidencia.

Hace tan solo unos días fueron capturados 20 miembros en las ciudades de Cali y Bucaramanga. El director general de la Policía Nacional colombiana, Jorge Luis Vargas, mencionó los presuntos delitos de los integrantes de la Primera Línea que van desde secuestro, homicidio y concierto para delinquir hasta tortura. Sin embargo, el pedido del presidente electo fue claro.

«Solicito al fiscal general de la Nación que libere a nuestra juventud», dijo. Es decir, a partir de su elección, Petro pretende eludir las responsabilidades que pesan sobre esta organización financiada con fondos recolectados por el senador del Pacto Histórico, Gustavo Bolívar.

En noviembre pasado, una juez de control de garantías les dictó privación de libertad a 10 integrantes de la Primera Línea por los presuntos delitos de instigación para delinquir con fines terroristas, tenencia, fabricación, tráfico o tenencia de objetos peligrosos, concierto para delinquir, violencia contra servidor público y daño en bien ajeno, todo esto en el marco de su participación en las protestas del año pasado que se tornaron violentas. La Fiscalía pedía sentencias de 8 a 22 años de cárcel.

A este exhorto le siguió el pedido de «restituir en sus puestos a los alcaldes de elección popular». Esta vez, una referencia al funcionario suspendido de Medellín, Daniel Quintero. No lo mencionó expresamente; sin embargo, es el caso que tomó más protagonismo durante la campaña presidencial porque no fue una sino numerosas señales a favor del entonces candidato de Pacto Histórico.

 

Las pruebas contra la Primera Línea

Las acciones violentas de la Primera Línea prometían extenderse este año si Petro no resultaba electo, según información que manejaban las autoridades colombianas. A esto se suma que Sofía Petro, hija de Gustavo Petro, había amenazado con un estallido social que sería «mucho peor que el del año pasado» si su padre no ganaba la presidencia.

Sobre este tema, la Fiscalía también presentó en días recientes videos y fotografías que vinculan a integrantes de la Primera Línea con ataques en contra de la fuerza pública en la localidad de Suba, Bogotá, ocurridos entre el 2 de junio y el 9 de agosto del año pasado.

Aún con estos precedentes, Petro pidió avanzar con las liberaciones. Un evidente pago de factura a quienes fueron útiles a su estrategia de desestabilizar el gobierno del presidente Iván Duque para presentarse como el salvador y ascender al poder.

Socialismo disfrazado de «economía popular»

Gustavo Petro prosiguió con su discurso hablando de paz. Pero también tocó el tema económico para decir que «vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia». Pero, ¿qué tan cierto sería eso? Las dudas se despejaron a los pocos segundos. «No porque lo adoremos sino porque tenemos que superar la premodernidad en Colombia, el feudalismo y los nuevos esclavismos».

Así se explayó hasta que admitió su plan de establecer una «economía popular», el mismo eufemismo usado por Hugo Chávez en Venezuela para disfrazar el socialismo. «De ahí saldrán formas del capitalismo, ojalá democrático y no especulador», enfatizó.

Luego mencionó el respaldo de su futuro gobierno a la economía «colaborativa» y, como todo marxista, habló de la «redistribución» de la riqueza. «Solo sobre la base de crecer económicamente y de producir es que podremos redistribuir».

Alianzas con las dictaduras

Una señal sobre su política internacional llegó cuando mencionó a otros gobiernos de América Latina. Y como repitiendo el discurso de varios presidentes izquierdistas, encabezados por el mexicano Andrés Manuel López Obrador, cuando los dictadores Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel y Daniel Ortega no fueron invitados a la Cumbre de las Américas, Petro agregó que su idea es «proponer un diálogo en las Américas sin exclusiones de ningún pueblo».

Minutos antes mencionó un «gran diálogo nacional de la sociedad colombiana» para alcanzar la paz, pasando por «lograr que las armas dejen de usarse y de existir por fuera del Estado». Acá surge la pregunta: ¿Se aproxima un control de armas en Colombia?

El discurso duró casi una hora proyectando en sus palabras el ideal de país productivo, basado en energías no contaminantes y a favor de los pobres. En esencia, el mismo discurso de políticos socialistas que recién llegan al poder. Pero esta vez, ajustado a los tiempos modernos al hablar de igualdad hacia la comunidad homosexual, ambientalistas progre y personas de color. Aún así serán cuatro años donde gracias a la tecnología, los colombianos podrán ver si tantas palabras llenas de promesas realmente serán cumplidas.

Fuente: Sistema Integrado Digital

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