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El príncipe Alois cumple su promesa y frena el aborto aprobado por un solo voto

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«La protección del niño no puede depender de su edad»

Liechtenstein ya rechazó el aborto en referéndum. Esta vez trece diputados lo aprobaron por un solo voto y, con la misma mayoría, se negaron a consultar al pueblo. El príncipe Alois ha vetado la ley.

Parece un cuento. Un príncipe que vela por los más vulnerables, los más inocentes, que por sí solos no pueden defenderse. Y extrañamente, un príncipe que cumple.

El príncipe heredero Alois von und zu Liechtenstein, que ejerce como jefe del Estado del principado, ha negado su sanción a la ley que habría permitido abortar por cualquier motivo durante los tres primeros meses de embarazo. Con su decisión, el aborto seguirá siendo delito en Liechtenstein. El príncipe considera que la reforma no garantiza una protección adecuada de la vida no nacida.

La Casa Principesca comunicó la decisión el martes 20 de octubre. Con ella frena una reforma que el Landtag, el Parlamento del principado, había aprobado el 2 de septiembre por un solo voto de diferencia, con 13 votos a favor y 12 en contra. Es la primera vez que Alois ejerce su veto legislativo. Ya amenazó con utilizarlo en 2011, cuando el 52 % de los votantes rechazó en referéndum una propuesta para legalizar el aborto en las primeras doce semanas o cuando se previera que el niño nacería con una discapacidad.

El veto estaba anunciado. En una entrevista publicada el 17 de junio en el diario Liechtensteiner Vaterland, el príncipe ya había advertido que no sancionaría ninguna ley que legalizara el aborto. «Desde mi punto de vista, no es correcto», afirmó entonces.

En aquella entrevista, Alois explicó que la protección del niño no puede depender de su edad y que la protección de la vida del no nacido debe ser siempre «claramente visible». A su juicio, las leyes de plazos no son más que una forma de que el Estado eluda su responsabilidad de proteger la vida de todos los habitantes del país. En 2011 anunció su intención de vetar alrededor de un mes antes de la votación. Esta vez dejó clara su oposición antes incluso de que comenzara la recogida de firmas de la iniciativa.

La vida no nacida, «bien jurídico fundamental»

Según el comunicado de la Casa Principesca, Alois ha dedicado «una atención considerable en los últimos meses» a la cuestión. Ha estudiado detenidamente la iniciativa y ha mantenido conversaciones sobre ella, pero su conclusión no ha variado. El príncipe «sigue convencido de que la reforma propuesta no es compatible con garantizar una protección adecuada de la vida no nacida como bien jurídico fundamental».

«Por lo tanto, el príncipe heredero negará su sanción al proyecto de ley aprobado por el Landtag el 2 de septiembre de 2026 por el que se introduce una solución de plazos en Liechtenstein», concluye la nota.

El propio Alois ha querido subrayar que la defensa de la vida y la ayuda a las madres no son objetivos enfrentados. «Estoy convencido de que muchas personas comparten el objetivo de brindar el mejor apoyo posible a las mujeres en situaciones difíciles, protegiendo al mismo tiempo la vida de los no nacidos», declaró. En esa línea, la Casa Principesca señala que el príncipe está abierto a levantar la prohibición de publicidad sobre el aborto. También apoya las iniciativas destinadas a mejorar la información, el acompañamiento y la asistencia a las mujeres antes, durante y después del embarazo.

Qué proponía la reforma

La ley procedía de la iniciativa popular «Solución de plazos para Liechtenstein» (Fristenlösung für Liechtenstein). Sus promotores reunieron 4.970 firmas, casi cinco veces el mínimo legal de 1.000. El núcleo de la iniciativa era una modificación del Código Penal para que el aborto dejara de ser punible «si la interrupción del embarazo la practica un médico dentro de los tres primeros meses desde el inicio del embarazo», con independencia del motivo.

El proyecto incluía además la supresión de la prohibición de ofrecer públicamente información, anunciar o promocionar servicios de aborto. También abría la puerta a que su coste fuera cubierto por el seguro sanitario. La votación reflejó la división de la Cámara, ya que tres de los cuatro partidos con representación parlamentaria estaban divididos o se oponían en bloque a la reforma.

El resultado tuvo además un efecto procesal decisivo. Si el Landtag hubiera rechazado la iniciativa, esta habría pasado automáticamente a referéndum, la misma vía en la que el aborto fue derrotado en 2011. Tras la votación, una moción para someter igualmente el proyecto a consulta popular fue rechazada también por 13 votos contra 12. La Cámara aprobó así la ley sabiendo que el príncipe había anunciado su veto.

En Liechtenstein, la sanción del jefe del Estado es imprescindible para que una ley sea promulgada. La Constitución reconoce al príncipe varias facultades, entre ellas vetar leyes, ejercer el veto respecto de los referendos, nombrar jueces y proponer reformas legislativas. Ese sistema quedó confirmado en referéndum en 2003. En 2012, una nueva consulta para limitar el poder de veto fracasó, y el 70 % de los votantes optó por mantener el modelo vigente. Alois ejerce las funciones de jefe del Estado desde agosto de 2004 por delegación de su padre, el príncipe soberano Hans-Adam II, aunque todavía no le ha sucedido en el trono.

Una de las legislaciones más protectoras de Europa

El principado tiene unos 41.000 habitantes y mantiene una de las legislaciones más restrictivas del continente. Aproximadamente el 70 % de la población es católica, y el catolicismo es la religión del Estado. El aborto sigue penalizado salvo en supuestos tasados, aunque las fuentes difieren al describirlos. Según una versión, solo se admite cuando es necesario para evitar un peligro grave e inevitable para la vida de la madre. Otra incluye también los casos de agresión sexual y de riesgo grave para la salud de la mujer.

Desde una reforma de 2015, la mujer no es castigada cuando el aborto lo practica un médico. Hasta ese año, le estaba prohibido incluso salir del país para abortar en el extranjero. La ley impide igualmente que un médico en Liechtenstein informe a una mujer sobre la posibilidad de abortar. Según la televisión pública suiza SRF, unas 40 mujeres viajan cada año a Austria o Suiza para hacerlo. En Suiza el aborto es legal durante las primeras 12 semanas, y en Austria durante los tres primeros meses.

Proteger la vida y acompañar a la madre

La postura del príncipe se apoya en el trabajo que su familia desarrolla desde hace años a través de la Fundación Sophie von Liechtenstein. La creó su esposa, la princesa heredera Sophie von und zu Liechtenstein. La entidad cuenta con tres centros de asesoramiento en Liechtenstein, Suiza y Austria. En ellos ofrece orientación psicológica y social gratuita, y ayuda económica a mujeres con embarazos no planificados o en dificultades. Según sus datos, atiende a unas 1.000 personas al año.

«Ninguna mujer embarazada debería verse obligada a abortar ni encontrarse en ninguna otra situación difícil debido a circunstancias desfavorables. Apoyaremos a toda mujer embarazada que acuda a nosotros, incluso a largo plazo si es necesario. No la dejaremos sola», explica la fundación en su página web.

La Iglesia también ha intervenido en el debate. En agosto, monseñor Benno Elbs, administrador apostólico de la Archidiócesis de Vaduz, recordó que el niño no nacido posee una dignidad propia desde el comienzo de su existencia. Reclamó además una sociedad que no deje solas a las mujeres y a las parejas ante las dificultades de un embarazo.

Fuera del principado, la organización provida británica Right To Life UK ha celebrado la decisión. Su portavoz, Catherine Robinson, afirmó que «el príncipe ha utilizado sus poderes constitucionales para defender a los bebés no nacidos, mientras que la fundación de la princesa ha ayudado a las madres a superar las dificultades que pueden hacer que un embarazo inesperado resulte abrumador». Y añadió: «Proteger legalmente a los bebés no nacidos y ayudar a sus madres son aspectos fundamentales. El príncipe y la princesa han dado un ejemplo que otros en la vida pública harían bien en seguir».

Fuente: Infocatolica

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