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NO SE DEJÓ INSULTAR…

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Durante las manifestaciones del 18 de octubre en Milán, un joven encapuchado pasa junto a la iglesia de San Alejandro de Zebedia y le enseña los dedos medios al presbítero Giannicola Maria Simone, de 65 años, gritándole «Fanculo la Chiesa, figlio da puttana» (A tomar por culo la Iglesia, hijo de puta), ante lo cual el presbítero lo “bendijo” devolviéndole el gesto antes de cerrar el portón.

Días después, entrevistado por el oligárquico diario local Corriere, Simone explicó lo sucedido «Es real, aún cuando hay falsas versiones. Sucedió así: Mientras esos jóvenes pasaban, alguien me enseñó el dedo del medio. Son chicos, por eso no me sorprende. Le retorné el dedo del medio, pero lo hice sin intenciones violentas ni con el riesgo de desatar más rabia», señalando que estaba refugiando en su iglesia a los turistas y transeúntes que buscaban evitar los alborotadores.
Al preguntarle si estaba arrepentido por ello, el presbítero, perteneciente a la archidiócesis de Florencia, dijo: «No, no creo que debamos hablar de arrepentimiento. Si hubiera dado un puñetazo, sí, pero nunca le he levantado la mano a nadie, ni siquiera en los momentos más difíciles. Tengo 65 años y he trabajado con niños toda mi vida, y de vez en cuando hay que decirles: “Cuidado con lo que haces”. Desde luego, nunca habría hecho algo así fuera del contexto de las peleas».
Añadió que antes tuvo oportunidad de conversar con algunos de los manifestantes, enterándose así que estaban sin saber por qué protestaban.
Desde el fin de semana pasado, las protestas en Milán y otras ciudades italianas por el elevado coste de la vida y contra la primera ministra Giorgia Meloni han causado saqueos y destrozos por elementos infiltrados, ante los cuales el gobierno ha respondido con un decreto antidisturbios que  introduce el delito de participación violenta en una manifestación, y prevé la detención preventiva de menores entre 14 y 17 años así no hayan cometido actos criminales, penas de hasta cinco años de prisión y 20.000 euros de multas contra los que lancen piedras o petardos, y en caso de menores, los padres sean responsables de los daños causados.
Fuente:

SOCIEDAD CATÓLICA CRISTO REY

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