Internacional
DEL 12 DE OCTUBRE A CEUTA Y MELILLA: UN MENSAJE DE ESPAÑA

No parece casual que la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla se produzca inmediatamente después del 12 de octubre, Día de la Fiesta Nacional. El 12 de octubre, Felipe VI presidirá en Madrid los actos centrales de la Fiesta Nacional y el desfile de las Fuerzas Armadas, rodeado de quienes representan la defensa de España y de sus instituciones. Apenas unas horas después, el Rey y la Reina pondrán rumbo a las dos ciudades españolas del norte de África para estar allí los días 13 y 14 de octubre. La secuencia de ambos acontecimientos contiene, por sí misma, un mensaje que no necesita grandes discursos para ser entendido: primero, España se reúne en torno a su Fiesta Nacional; inmediatamente después, el Rey lleva esa misma presencia institucional a Ceuta y Melilla.
La fuerza de determinados gestos está precisamente en que no necesitan ser explicados. Después de presidir el desfile de las Fuerzas Armadas, el Rey viajará a dos ciudades que forman parte de España y en las que la presencia del Jefe del Estado adquiere un significado especialmente relevante. No se trata de provocar a nadie ni de buscar una confrontación diplomática, sino de ejercer con absoluta normalidad una función que corresponde al Rey de todos los españoles. Ceuta y Melilla no aparecen así como una excepción dentro del mapa de España, sino como lo que son: dos ciudades españolas a las que el Rey acude después de haber presidido el principal acto militar y cívico de la Fiesta Nacional.
Y precisamente por eso el calendario elegido tiene tanta fuerza. El mensaje no se construye mediante declaraciones grandilocuentes, sino mediante hechos y presencia. El 12 de octubre, la Corona representa a España junto a sus Fuerzas Armadas; el 13 y el 14, Felipe VI y la Reina Letizia estarán en Ceuta y Melilla. Es una continuidad institucional que transmite una idea muy sencilla: la españolidad de estas dos ciudades no necesita ser reivindicada a gritos, porque forma parte de la normalidad constitucional e institucional de España.
Además, la visita llega después de diecinueve años sin que un Rey de España visite oficialmente ambas ciudades. La última ocasión fue en noviembre de 2007, cuando Don Juan Carlos y Doña Sofía viajaron a Ceuta y Melilla. Que Felipe VI haya mantenido durante años su voluntad de realizar esta visita y que finalmente se haya fijado justo después de la Fiesta Nacional añade todavía más valor simbólico al gesto.
La Corona no necesita entrar en una disputa de declaraciones con nadie. Puede transmitir fortaleza de una manera mucho más serena: estando donde debe estar. Y quizá ese sea precisamente el significado más poderoso de estas fechas consecutivas. El 12 de octubre, España celebra y muestra su unidad institucional; inmediatamente después, el Rey se desplaza a Ceuta y Melilla para ejercer allí su función como Jefe del Estado. Sin estridencias, sin discursos incendiarios y sin pedir permiso a nadie para estar en ciudades españolas.
Porque algunas veces la firmeza no está en lo que se dice, sino en el lugar donde se está y en el momento en que se decide estar.
Fuente: Monarquia Española.
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