Cada día son menos los dirigentes del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) dispuestos a fotografiarse, compartir actos o reunirse con el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. A medida que avanza la investigación en su contra por los presuntos delitos de organización criminal, blanqueo de capitales, tráfico de influencias y falsedad documental, aumenta entre la cúpula de la tolda, las bases y la militancia, el respaldo a su expulsión para evitar no sólo una fractura interna sino un revés en los comicios generales de 2027.
En tres meses de pesquisas, Zapatero pasó de ser un incentivo electoral a un activo tóxico del PSOE. Él lo sabe y sus actos lo confirman. Según el diario ABC, el exmandatario redujo su exposición pública e incluso las visitas a las instituciones de gobierno y sedes del partido.
Sin embargo, sacrificar la permanencia es la única salida al escándalo que involucra a Zapatero para sortear que hunda la imagen del partido. Puertas adentro diversos sectores discuten sobre la necesidad de restar el apoyo a su figura. El debate es tenso porque la demora de la decisión desgasta al gobierno de Pedro Sánchez. «Acabaremos cayendo con él», advierte un dirigente al medio.
Restar el respaldo sería inédito. Implicaría de forma tácita el reconocimiento de faltas a la Administración pública durante el proceso de rescate de la aerolínea Plus Ultra y ello arrastraría al Consejo de Ministros que avaló el desembolso de 53 millones de euros estatales para impedir la quiebra de la compañía en la pandemia sin ser prestadora de un servicio vital.
Explicaciones que no convencen
Un punto clave para sellar la expulsión de Zapatero es la inconformidad en el PSOE sobre el titubeo para confesar el origen de una colección de tres juegos de rubíes, esmeraldas y zafiros, combinados con blanco de 18 quilates y diamantes que reúnen 12 piezas en total sin declaración tributaria.
Aunque el exmandatario admitió al juez José Luis Calama que corresponden a «un obsequio» del rey de Arabia Saudí Abdullah Bin Abdulaziz Al-Saud, entregado durante una visita a España en 2007 como una «atención personal» del monarca, la declaración apunta sólo a desacreditar las imputaciones de contrabando por no haber sido él quien introdujo joyas al país.
De esa manera, Zapatero despliega su estrategia legal basada en la prescripción del delito por estar vinculado a un hecho de casi una década pero multiplica la indignación en el partido, especialmente cuando acota que aceptó las prendas «por deferencia y muestra de agradecimiento» en desconocimiento de su valor material.
Defensa sin reputación
La defensa está en entredicho. Contradicen el código de conducto que implementó en 2005 Zapatero para que ministros y altos cargos devolvieran los regalos que recibían.
A ello se agrega que nuevas averiguaciones señalan que un año antes de Zapatero recibir las joyas, suscribió un convenio con Arabia Saudí para «crear condiciones favorables para las inversiones».
El pacto lo rubricaron el entonces ministro de Industria, José Montilla, y Amr A. Al-Dabbagh, gobernador de Saudi Arabian General Investment Authority. De acuerdo con el documento cada parte contratante promovería en su territorio, en la medida de lo posible, las inversiones de la otra parte contratante.
Ambos coincidieron en que ninguna de las inversiones de España y Arabia Saudí serían «nacionalizadas, expropiadas ni sometidas a medidas de efecto equivalente a la nacionalización o expropiación».
Desde las filas éticas de la tolda la imagen del exdirigente es «irrecuperable» e incluso refutan que intente sortear a la justicia con los recursos prescripción y la nulidad. Y sí, es posible que por esa vía lo logre pero no dejaría de ser un cohecho impropio que alarga lista de disputas y confrontaciones del PSOE.
La historia del partido da cuenta. Desde meses antes de Guerra Civil, el partido se dividió entre partidarios de Largo Caballero e Indalecio Prieto por visiones dispares sobre la gestión de la tolda para la Segunda República. Así se mantiene con otros rostros y nombres.
Fuente: Panampost
