Internacional
El Senado francés rechaza por segunda vez la eutanasia y deja la reforma en vía muerta
El Senado de Francia rechazó este lunes 11 de mayo, por 151 votos contra 118, el artículo 2 de la proposición de ley sobre el final de la vida, que definía los contornos de la llamada «asistencia médica a morir». Es la segunda vez que la Cámara alta tumba la pieza central de la reforma impulsada por Emmanuel Macron: ya lo hizo en primera lectura el pasado 28 de enero. La votación deja el texto prácticamente sin contenido y abre la puerta a que el Gobierno otorgue la última palabra a la Asamblea Nacional, donde los diputados han aprobado el dispositivo en dos ocasiones, aunque con una mayoría cada vez más ajustada.
Horas antes, y en contraste elocuente, los senadores habían adoptado de forma definitiva, por 325 votos contra 18, la proposición de ley de cuidados paliativos, un texto que refuerza el acceso territorial a estos servicios y crea las llamadas «casas de acompañamiento y cuidados paliativos», estructuras intermedias entre el hospital y el domicilio.
«La eutanasia no es una fatalidad»
El debate general reveló las profundas divisiones que atraviesan la Cámara alta. Stéphane Ravier (no inscrito) alentó a sus colegas recordando que «la eutanasia no es una fatalidad» y denunció una «ley de abandono», al tiempo que lamentó el aplazamiento indefinido de la prometida ley de atención a las personas mayores dependientes, pendiente desde 2018. «El retorno a la dignidad política al servicio de la dignidad humana empieza aquí», concluyó.
Corinne Boursier (Los Independientes) reclamó que no se legisle sobre la eutanasia antes de garantizar la igualdad de acceso a los cuidados paliativos: «Mientras esa igualdad no exista, no podremos estar seguros de que las peticiones de ayuda a morir no sean expresión de la angustia o del abandono».
Khalifé Khalifé (Los Republicanos) calificó el texto de la Asamblea Nacional como «una ruptura profunda de nuestro contrato social, jurídico y médico» oculta «bajo palabras apaciguadoras». Ofrecer la eutanasia es, según el senador, «dar una respuesta técnica e irreversible allí donde nuestros conciudadanos esperan escucha y presencia real». «Los médicos son expertos en la vida, no técnicos de la muerte», afirmó, aunque anunció que votaría la versión de la comisión por prudencia.
«Estamos infringiendo todos los principios que hacen de nuestra sociedad una sociedad humana»
Los senadores aprobaron el artículo primero con una enmienda de Louis-Jean de Nicolaÿ (LR) que sustituye la expresión «final de la vida» por «acompañamiento del final de la vida». «El código de salud pública no tiene vocación de organizar la muerte, sino de acompañar a las personas en el final de la vida respetando su dignidad y su voluntad», argumentó.
Al abordar el artículo 2, los campos quedaron definidos. Bruno Retailleau (LR) advirtió de que «las presiones vendrán, presiones financieras sobre un sistema sanitario que funciona mal» y de que «a partir del momento en que se plantea esta cuestión como un derecho, ninguna salvaguarda resistirá mañana». Desde la izquierda, Cécile Cukierman (grupo Comunista, Republicano, Ciudadano y Ecologista) coincidió en el fondo: «No hay un derecho a morir, puesto que vamos a morir. ¿Por qué querer inscribir como derecho algo que es un hecho?».
Los dos bloques de enmiendas, tanto las que pretendían restablecer el texto de la Asamblea como las que buscaban suprimir íntegramente el artículo, fueron rechazados por amplio margen: 180 contra 133 las primeras y 213 contra 84 las segundas.
Muriel Jourda (LR) resumió la posición de los opositores: «Estamos infringiendo todos los principios que hacen de nuestra sociedad una sociedad humana». Retailleau añadió que, si la ley se aprueba, «al borde de la muerte, cada persona deberá preguntarse si no es un peso muerto, una carga para la sociedad o para sus seres queridos». Jean-Baptiste Blanc (LR) advirtió de que la ley supondría «la eliminación del débil» y «una ruptura muy profunda de nuestro orden jurídico». Numerosos senadores señalaron que la experiencia de todos los países que han despenalizado la eutanasia demuestra que las salvaguardas caen una tras otra.
Fuente: Infocatolica