En diálogo exclusivo con PanAm Post, el escritor argentino Nicolás Márquez analizó las contradicciones actuales de un feminismo, que se niega a pedir cadena perpetua para los más salvajes agresores. En su opinión, su marco conceptual colectivista de izquierda las hace caer en una contradicción, “donde no pueden articular conceptos”
“Nosotros veíamos que todos los espacios que buscaban la disolución de nuestra civilización eran movimientos de microconflictos que traspolaban el histórico conflicto de clases sociales a conflictos de grupos socioculturales que fungían de oprimidos versus opresores”, resaltó, recordando el momento que comenzó a trabajar la temática junto al politólogo Agustín Laje.
“La lógica de la dialéctica era la misma”, resaltó. Para Márquez, los ideólogos de la izquierda mantuvieron la idea del conflicto de clases luego de la caída de la Unión Soviética, pero la expresaron en distintos términos. “Por ejemplo, el delincuente versus el sistema policial represivo que defiende a las clases dominantes”, advirtió.
Para el escritor, nada de esto es nuevo. “Es una idea de Foucault de “La microfísica del poder”. Él fomentaba los microconflictos. La nueva izquierda ya se veía en la Francia de esa época, pero afloró luego de la caída del Muro de Berlín”, consideró.
Cuando trató la cuestión en la obra coautorada con Laje en El libro negro de la nueva izquierda, ambos autores pensaban trabajar la temática de género en un solo capítulo, pero terminaron dedicándole la obra. “Pensábamos dedicarle un solo capítulo a este tema, pero resultó tan complejo, por lo que decidimos hacer un libro sobre esta cuestión”, recordó.
En las críticas del feminismo actual, siempre subyace la crítica al capitalismo, “pero como no hay una propuesta alternativa, simplemente se ataca al sistema”, señaló el autor y comunicador argentino.
Sobre lo que parece ser una contradicción evidente por parte de las voceras del feminismo actual, que se niegan a pedir penas duras para violadores y asesinos de mujeres, Nicolás Márquez advirtió:
“Tienen un conflicto en el marco conceptual del opresor y del oprimido. Por un lado, piensan que la mujer es oprimida por el macho heteropatriarcal, pero también está la plataforma que el delincuente es un oprimido por el aparato judicial, la policía y los guardianes del sistema que hay que compartir. El delincuente es un agente de conflicto que ha sido expulsado del sistema por el capitalismo, que queda fuera del mercado y no le queda otra que delinquir. Esa defensa es una especie de rebelión contra el sistema injusto. Ellas aquí entran en la contradicción por haber inventado el sistema de dominación del patriarcado. Entonces cuando se comete el delito consideran que no pueden ponerse en mano dura, porque eso es de la derecha fascista. Ahí es donde no pueden articular los conceptos”.
Fuente: PanAm Post,
