El conflicto en la Franja de Gaza –tras el ataque de Hamás a Israel hace dos años– se ha convertido en la última bandera de la izquierda con personajes como la activista sueca Greta Thunberg a la cabeza. Su preocupación por el cambio climático tomó el tinte político-ideológico que se evidenció cuando –por error– publicó hace cuatro años en sus redes sociales un «manual» en el que una organización canadiense le daba instrucciones sobre lo que debía decir con relación a las revueltas de los agricultores contra el gobierno en la India. Al percatarse del desliz eliminó la publicación. Sin embargo, no pudo borrar la mancha que quedó sobre la imagen de aquella adolescente que se había convertido en referente del «progresismo» ambientalista. Con el grito de «Palestina libre» como nueva consigna de la izquierda internacional –que hace maromas para combinar la defensa de los derechos LGBT con el apoyo incondicional a una cultura donde la homosexualidad se castiga con la muerte–, Greta Thunberg entró nuevamente en escena con un show más patético que los anteriores, que han incluido media docena de arrestos y hasta investigaciones por conspiración. Ahora ella denuncia supuestas torturas en Israel, sin mostrar una sola prueba ni ofrecer detalles, mientras usa fotos sacadas de contexto y hasta finge estar esposada para alimentar su relato.
Cuando abandonó hace tres semanas la directiva de la Flotilla Global Sumud (GSF), Greta Thunberg no renunció al propósito principal de su participación en esta iniciativa mediante la cual activistas de varios países intentaron llevar ayuda a Gaza en embarcaciones: llamar la atención y acusar a Israel de violaciones a los derechos humanos. Si la contraofensiva israelí en el enclave palestino con el objetivo de liberar a todos los secuestrados y neutralizar al grupo terrorista Hamás califica como «genocidio» o no eso es parte de otro debate. Lo cierto es que la activista sueca incurrió en una serie de falacias para intentar justificar esta acusación que hace a diario la izquierda contra el Estado judío.