En un momento en que los gobiernos tratan cada vez más las apuestas como un vicio que debe regularse o restringirse, vale la pena recordar un curioso episodio de la historia económica europea: un casino salvó una vez a un país. En el siglo XIX, Mónaco pasó de ser un estado casi en quiebra al parque de diversiones de millonarios que conocemos hoy.
En el siglo XIX, el Principado de Mónaco perdió los territorios de Menton y Roquebrune, que fueron anexados por Francia en 1861. Con esta pérdida territorial, el pequeño principado quedó sin una base fiscal, ya que gran parte de sus ingresos provenían de impuestos sobre la producción agrícola, en particular el aceite de oliva y las frutas.