Historia

Bernal Diaz del Castillo narra los sacrificios humanos de españoles capturados por los mexicas

Published

on

El texto que sigue fue escrito por Bernal Díaz del Castillo, soldado de Hernán Cortés y testigo directo de la conquista de México. Narra los sacrificios humanos de españoles capturados por los mexicas tras una grave derrota sufrida por las fuerzas de Hernán Cortés en Tenochtitlan, durante los combates que preceden y siguen a la Noche Triste (junio–julio de 1520). Los conquistadores, refugiados y sin capacidad de intervenir, presenciaron desde la distancia cómo sus compañeros son llevados al Templo Mayor para ser sacrificados al dios Huitzilopochtli.  «Pues ya que estábamos retraídos cerca de nuestros aposentos, pasada ya una grande obra donde había mucha agua, y no nos podían alcanzar las flechas, vara y piedra, y estando Sandoval, Francisco de Lugo y Andrés de Tapia con Pedro de Alvarado, contando cada uno lo que le había acaecido y lo que Cortés mandaba, tornó a sonar el tambor muy doloroso de Huichilobos, y otros muchos caracoles y cornetas y otras como trompetas, y todo el sonido de ellos espantable. Y mirábamos al alto en donde las tañían, y vimos que llevaban por fuerza las gradas arriba a nuestros compañeros que habían tomado en la derrota que dieron a Cortés que los llevaban a sacrificar.  Desde que ya los tuvieron arriba en una placeta que se hacía en el adoratorio, donde estaban sus malditos ídolos, vimos que a muchos de ellos les ponían plumajes en las cabezas y con unos como aventadores les hacían bailar delante del Huichilobos, y cuando habían bailado, luego les ponían de espaldas encima de unas piedras algo delgadas, que tenían hechas para sacrificar, y con unos navajones de pedernal los aserraban por los pechos y les sacaban los corazones bullendo y se los ofrecían a sus ídolos que allí presentes tenían. Los cuerpos dábanles por los pies por las gradas abajo, y estaban aguardando abajo otros indios carniceros, que les cortaban brazos y pies, y las caras desollaban, y las adobaban después como cuero de guantes, y con sus barbas las guardaban para hacer fiestas con ellas cuando hacían borracheras, y se comían las carnes con chimole. De esta manera sacrificaron a todos los demás, y les comieron las piernas y brazos. Pues como aquellas crueldades vimos todos los de nuestro real y Pedro de Alvarado, Gonzalo de Sandoval y todos los demás capitanes, miren los curiosos lectores qué lástimas tendríamos de ellos; y decíamos entre nosotros:¡Oh, gracias a Dios que no me llevaron a mí hoy a sacrificar! También tengan atención que no estábamos lejos de ellos y no les podíamos remediar, y antes rogábamos a Dios que nos guardase de tan crudelísima muerte.»

https://x.com/i/status/2020985156585087355

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Top 5

Salir de la versión móvil