La reforma tributaria que pagará el “posconflicto”

Por: Jesús Herrera, John Ausique Entre los argumentos más comunes escuchados para defender la aprobación de los acuerdos de paz en el plebiscito del 2 de octubre destaca la invocación de “el costo de la guerra”, según el cual el costo de mantener la guerra supera ampliamente los subsidios y privilegios económicos otorgados a los guerrilleros, por lo cual la aprobación de los acuerdos supondrá un ahorro para los colombianos en lugar de un gasto adicional. Sin embargo, esta retórica contrasta fuertemente con los planes de gobierno de presentar una reforma tributaria, que sería presentada justo después de aprobarse el plebiscito, para enfrentar el grave déficit fiscal en que se encuentra el Estado. Desde 2014 las finanzas del Estado presentan un creciente desajuste por la combinación de dos factores: El descomunal gasto en que incurrió el gobierno para conseguir la reelección, y la caída en los precios del petróleo que desbarató los planes presupuestales del gobierno a causa de la dependencia de la economía colombiana en las exportaciones petroleras. Desde entonces, el déficit público no para de crecer (224 billones de gastos contra 134 billones de ingresos) mientras el precio del petróleo sigue sin estabilizarse (~47 dólares el barril). Reforma Tributaria Farc En febrero, la calificadora de riesgo Standard & Poor’s (S&P) bajó la calificación de riesgo del país, lo que significa que según sus cálculos, Colombia puede no estar en plena capacidad para responder a sus obligaciones fiscales (3,4% de déficit fiscal). Esto representa una señal de alarma, ya que si la calificación negativa se mantiene, lo más probable es que el país siga perdiendo inversión extranjera. La solución que siguen proponiendo desde el Estado es la tramitación de una nueva reforma tributaria, que vendría a ser la tercera del gobierno Santos (Que en 2010 dijo que firmaría sobre piedra no aumentar los impuestos). Pero al tratarse de una tercera reforma tributaria es evidente es que el gobierno ha venido recortando sus opciones para rebuscar el dinero que necesita exprimiendo el bolsillo de los ciudadanos. En efecto, ya la reforma tributaria de 2014 ha mostrado sus efectos devastadores sobre la economía colombiana: 8 multinacionales han abandonado el país por el alto nivel de impuestos y su relativo alto costo en las materias primas. Si bien la devaluación del peso hubiera podido ayudar al sector exportador, el desbalance comercial del país hace que el efecto positivo sea mínimo comparado con el gran nivel de importaciones que demanda el mercado interno. [spreaker type=standard width=100% autoplay=false episode_id=9407768] La suma de todos los impuestos que las empresas deben pagar, puede llegar hasta el 43% de sus ganancias. ¿De dónde planea el gobierno nacional aumentar su recaudo? Claramente una tercera subida de impuestos no hará más que ahogar la ya frágil economía colombiana. La solución que proponía la comisión tributaria era unificar todos los impuestos de las empresas para reducirlos e incrementar los impuestos al consumo, pasar el IVA del 16% al 19%, aumentando también la base de productos grabados, y elevar impuestos (30%) a los cigarrillos, licores y la gasolina. También se plantea poner a pagar impuesto de renta a quienes ganen más de 1’500.000 pesos, y empezar a cobrar a las cooperativas, fondos de empleados y entidades sin ánimo de lucro, en donde podrían quedar incluidas las iglesias y confesiones religiosas. Esto sólo encarecerá la vida de los colombianos, y por ende, hará más costosa la mano de obra. ¿Qué pasara con las negociaciones del salario mínimo con una inflación del 8%? También se propone gravar los dividendos y las remesas, lo cual sólo ahuyentará la inversión extranjera. Es imposible aumentar aún más los impuestos, que ya son altos, sin que esto afecte negativamente la economía nacional y termine en desmedro de la economía de las familias colombianas. Y sin embargo, el aumento resulta inminente, porque el gobierno se resiste a reducir el gasto en mermelada. Por el contrario, con la aprobación de los acuerdos el gobierno queda comprometido a aumentarlo aún más (100 billones de gastos). El presidente Santos ha dicho que la reforma tributaria no será para financiar el posconflicto (A duras penas podría estabilizar los gastos actuales del gobierno) y se afirma que los recursos vendrían de cooperación internacional. Pero el mismo ministro Rafael Pardo ha reconocido que los recursos de cooperación apenas alcanzarán para financiar una reducida porción del gasto que suponen los acuerdos. Otros pensarán que la solución está en aumentar la deuda pública (que ya va en 54 billones), lo que sólo es endosarle el problema a las futuras generaciones, y con una calificación de riesgo negativa sólo se conseguirá en condiciones muy desfavorables. Así es que nadie tiene aún claro de dónde saldrá la plata del posconflicto, la reforma apuntará a tapar el hueco fiscal del 2017 y nos dejará el hueco del posconflicto, y por descarte puede preverse que terminará tarde o temprano en mayor explotación de las familias colombianas a manos del Estado. Y los famosos “dividendos de la paz” no llegarán, porque sigue la guerra contra el ELN, el EPL y las BACRIM. [contact-form-7 id="2949" title="Registro PopUp_copy"]]]>