Carlos López es un estudiante cubano de 22 años. Llegó a Miami hace poco menos de un año, pero no lo hizo por el estrecho de la Florida, sino en balsa hasta México, donde cruzó la frontera como cualquier inmigrante latinoamericano. “Cada vez hay más gente que quiere salir de Cuba; no importa si lo hace cruzando la Florida o tomando la ruta más larga por el Caribe mexicano; lo importante es intentarlo”, le dijo López a EL TIEMPO. Veinte años después del éxodo masivo, en que miles de cubanos se lanzaron a las costas de la Florida y 31.000 de ellos fueron detenidos en el mar, el flujo no solo se ha mantenido, sino que en los últimos años ha aumentado y así lo confirman las cifras de esa institución. Entre el primero de octubre del 2013 y el 28 de julio del 2014 (año fiscal del 2014 menos dos meses), 1.561 cubanos fueron interceptados en el estrecho de la Florida, mientras que en la totalidad del año fiscal del 2013 fueron 1.357 los detenidos. Las interceptaciones empezaron a incrementarse en el 2012, cuando el número superó a los mil por primera vez desde el 2008. Por ello, las cifras de los primeros diez meses del presente año fiscal son las mayores en seis años, cuando 2.216 personas fueron interceptadas en el mar por las autoridades y devueltas a la isla. López no quiere hablar mucho de la ruta que tomó al salir. Sólo cuenta que él y su grupo de cinco personas más llegaron hasta las costas de Yucatán, en el Caribe mexicano, después de estar casi dos semanas en el mar navegando en una balsa rudimentaria. “La clave es que no había sobrecupo en la embarcación y eso nos ayudó a poder sobrevivir”, destacó. Una vez en México, el grupo contactó a los ‘coyotes’ para que los pasaran por la frontera con Tijuana. “Podría decirle que, aunque al pasar por la frontera lo tratan peor que un animal, nada es peor a la experiencia en el mar”, confesó. López y su grupo tuvieron éxito en su travesía, no así 17 compatriotas suyos, que hace pocos días fueron interceptados por la Armada de México cerca de las costas de Quintana Roo, luego de permanecer 24 días en el mar. Dos de ellos, un joven de 16 años y otro de 30, perdieron la vida, mientras los demás presentaban avanzado estado de deshidratación, además de quemaduras en la piel. Según Jorge Duany, Ph. D. y director del Cuban Research Institute de la Universidad Internacional de la Florida (FIU, por su sigla en inglés), la migración de cubanos a EE. UU. va a seguir aumentando. El año pasado entraron cerca de 32.000 gracias al programa de visas del gobierno estadounidense y cruzaron la frontera con México alrededor de 13.000, además de los que logran cruzar el estrecho de la Florida, lo que, según él, demuestra el interés por llegar a Estados Unidos. “También hay que tener en cuenta a muchos que vienen como turistas o con una visa humanitaria y se quedan. Aunque no hay cifras, debe ser un número considerable”, afirmó el académico. Para Duany, los factores que fomentan esta situación se pueden resumir en cuatro; hay una presión acumulada de muchos años de la población por emigrar; además, pareciera que la crisis económica en la isla no termina de acabarse; adicionalmente, Cuba sigue bajo el mismo sistema político, con faltas de garantías individuales, y, por último, muchas personas quieren reunificarse con su familia en Estados Unidos. Perfil del cubano que emigra Según Jorge Duany, el cubano que emigra es de raza blanca, urbano, de clase trabajadora y niveles medios de educación. “No es muy común ver afrocubanos y pobladores de las áreas rurales de la isla emigrar, por lo que las remesas que llegan a Cuba se concentran en La Habana y las grandes ciudades, pues los familiares de estos son los que han emigrado”, sostuvo el académico. Fuente: Ana Maria Jaramillo /Para EL TIEMPO]]>

2 Comentarios

  1. La isla de Cuba le vendió su alma al diablo, picó y se tragó entero el anzuelo de Fidel Castro, creyéndolo el redentor ante la dictadura de Fulgencio Batista. 56 años después, las libertades restringidas, la opinión amordazada, la deuda impagada y reconocida con Rusia, confirman lo que los represores tratan de ocultar con un dedo: la isla es un infierno, donde ni le educación ni la salud gratuitas son excusa suficiente para que le gente se declare contenta, porque no lo es. El centro de La Habana es una pocilga llena de construcciones abandonadas, semidestruidas, y los carros oxidados de los 50 y los 60 son fósiles vivientes que se resisten a desaparecer, porque el embargo ha impedido que se importen y se renueven. Para los Castros “todo está bien”, sí, pero son solo ellos los que lo gozan, mientras el pueblo entero sufre la represión y el olvido por igual. y todavía se preguntan por qué muchos cubanos desencantados quieren abandonar la isla?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here