El lunes, mientras el presidente Vladímir Putin celebraba en Crimea el quinto aniversario de la anexión dándose baños de masas e inaugurando centrales termoeléctricas, Víctor Bóndarev, presidente del Comité de Defensa y Seguridad del Consejo de la Federación (Cámara alta del Parlamento ruso), anunciaba la llegada a la península de más bombarderos estratégicos de largo alcance, este vez los Tu-22M3.

El senador ruso declaró que estos aparatos, concebidos para ataques nucleares, están siendo desplegados en el aeródromo de Gvardéiskoye, situado a 13 kilómetros al norte de Simferópol, la capital de Crimea. Bóndarev, citado por el canal ruso RT y la agencia Sputnik, informó también del despliegue en la península de misiles ofensivos Iskander, algunas de cuyas modificaciones son de medio alcance, para contrarrestar el escudo antimisiles norteamericano desplegado en Rumanía.

Según sus palabras, la presencia de los Tu-22M3 en Crimea «ha modificado el equilibrio de fuerzas en la región». En la nota de Sputnik el parlamentario ruso asegura que en la península, militarizada hasta la saturación desde que entró a formar parte de Rusia el 18 de marzo de 2014, hay ya emplazados cazas Mig-29 y Su-27, además de baterías de defensa antiaérea S-300, S-400, Buk-M2 y Pantsir-S1.

Crimea dispone también, según Bóndarev, de misiles hipersónicos para defensa costera Bal y Bastión y aloja en sus dársenas los submarinos Novosibirsk y Rostov del Don. Un despliegue sin precedentes para defender la «autodeterminación» expresada por los crimeos en el referéndum del 16 de marzo de 2014, oportunidad que no tuvieron, por ejemplo, los chechenos. Tal reforzamiento militar de la península demuestra, no obstante, que el objetivo real de Putin cuando acometió la anexión era dotarse de un territorio que considera evidentemente estratégico para la defensa de Rusia y no sólo porque allí se encuentre la base de la Flota del Mar Negro.

Fuente: ABC.es

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