El ELN insiste en la guerra y en el terrorismo Si bien el actual Gobierno no había iniciado las negociaciones con el ELN, tampoco las había suspendido, a pesar de que el grupo terrorista no había hecho un solo gesto, ni el más mínimo siquiera, de querer una eventual pacificación. Así las cosas, decide colocar la bomba asesina en las instalaciones de la Policía Nacional. ¿Qué pasará en el futuro con el ELN? No podemos saberlo. Lo que sí es seguro, es que siendo esta guerrilla una criatura monstruosa nacida de la Teología de la Liberación, que ha recibido el apoyo incondicional de algunos sectores izquierdistas de la Iglesia Católica, no pasará mucho tiempo hasta que sus protectores propongan la reanudación de los diálogos, cuando esta masacre se haya borrado de la memoria de los colombianos. Y para ello estarán listos el padre Francisco de Roux, superior de los jesuitas en Colombia, quien dice profesar mucha admiración por algunos jefes del ELN, y también el arzobispo de Cali, Mons. Darío Monsalve, quien ha propuesto nada menos que la canonización de Camilo Torres. Alguien dirá que eso es imposible. Pero en realidad, es así exactamente como se ha manejado el problema subversivo en Colombia desde el año 1982, cuando comenzó esta terrible pesadilla. En ese año, el entonces presidente Belisario Betancur decidió conceder una amnistía total a los miembros de la guerrilla, a cambio de nada. En la época, este grupo terrorista permanecía aislado en las selvas del País, sin mayores posibilidades de desestabilizar a Colombia. Sin embargo, la claudicación del Estado los fortaleció y salieron de las selvas para llegar al corazón de las ciudades, comenzando así una escalada de guerra revolucionaria que fue aumentando hasta los días de hoy. Desde entonces todos los presidentes, con una sola excepción, establecieron el diálogo, la amnistía, el indulto y la fraternidad con los terroristas, como único medio de pacificación. Y el auge de esa claudicación fue el Acuerdo del Gobierno anterior con las FARC, en contra del mandato popular expresado en el Plebiscito. (Cfr. Colombia: Nunca más bajo el imperio del caos. Colección Tradición y Acción, 2007). Ahora el protagonismo subversivo es para el ELN, heredero de las disidencias de las FARC, de las armas que no entregaron, de los negocios de narcotráfico y del control territorial que tenían. Dentro de la filosofía marxista del ELN, hábilmente disfrazada por la Teología de la Liberación, la violencia y el terrorismo contribuyen a demoler la sociedad que quieren conquistar. En sus metas, en sus estrategias, en su concepción de la lucha armada, la paz es una mentira con la cual engañan a una sociedad dirigida por gobernantes torpes y ciegos, que se convierten en marionetas y cómplices de la causa revolucionaria. Si las FARC consiguieron en esas espurias negociaciones lo que nunca habían soñado, los del ELN pretenden ahora conseguir mucho más. Sus cabecillas están instalados en Cuba y en Venezuela con todas las comodidades burguesas, y desde allá se imparten las órdenes para continuar la destrucción de la nación colombiana, con el apoyo de los dictadores Castro y Maduro. Es necesario despertar ante la realidad ¿Por qué en Colombia no nos damos cuenta de esto? ¿Qué misteriosa fuerza hipnótica nos impide ver con claridad estas evidencias? Es necesario que los colombianos despertemos y exijamos el fin de esta pesadilla, de una vez por todas. En todos los lugares del mundo que se quieren ver libres del terrorismo, éste es combatido por todas las fuerzas de seguridad con una decisión implacable, y los responsables de sus crímenes son llevados ante la justicia sin contemplaciones. Pero, en Colombia, se hizo habitual que el Estado se arrodilla e implore a los terroristas que nos dejen vivir en paz, mientras masacran a la población civil, destruyen lo que encuentran a su paso, e intimidan a todos con más violencia para que se sometan a sus exigencias. ¿No fue acaso lo que pasó con los terroristas que hicieron el atentado contra el Club El Nogal, en Bogotá, hace 15 años? El día de los hechos: ¡indignación total! Pero el año pasado, el autor material del atentado fue dejado en libertad por orden de la JEP, después se le concedió permiso para salir de vacaciones fuera del País, y acto seguido desapareció. Y el autor intelectual del atentado, conocido con el alias de “El Paisa”, uno de los más sanguinarios asesinos de las FARC, sigue en la clandestinidad ignorando los pedidos indignos de la JEP, que solicita su comparecencia ante ese organismo, para otorgarle un certificado de impunidad que el terrorista no quiere recibir. ¿Así se consigue la paz en Colombia? ¡Todos sabemos que no! Pero, con muy pocas excepciones, nuestros gobernantes, nuestros empresarios, los dirigentes de los gremios, la Conferencia Episcopal, los políticos de todas las tendencias, están convencidos que el diálogo y la claudicación son el único camino hacia la paz. Y aunque la indignación nacional no lo permite ahora, dentro de poco volverán a implorar más diálogos, más concesiones, más indultos y más amnistías, pues eso es lo que han hecho desde 1982 hasta ahora. Y allí están los resultados de esta política equivocada y absurda. Ya es hora de exigir a nuestros gobernantes que se haga lo que Colombia pide desde hace muchos años. De combatir a todos estos grupos con toda la fuerza del Estado, reducirlos, derrotarlos, llevarlos ante los tribunales, y castigar a los responsables de tantas masacres, crímenes y atropellos contra la gente buena y trabajadora. El Presidente Duque fue elegido con la expectativa de enfrentar los grandes males de la Patria en forma contundente y eficaz, y es lo que toda Colombia espera en estos momentos difíciles. Porque si la actitud es la misma que la de sus antecesores, es decir, de claudicar y dialogar con los demoledores de Colombia, el poco respaldo que tiene después de tan pocos meses de gobierno, sencillamente se va a evaporar hasta llegar a casi cero, con las gravísimas consecuencias que eso tendría para el futuro. Nuestros gobernantes deberían enterarse que algo muy importante está pasando en el mundo que nos rodea. Ya no es posible engañar a la opinión pública como habitualmente se ha hecho, porque ahora ese gigante adormecido está despertando y tomando decisiones, totalmente contrarias a lo que creen los políticos que nos han llevado al desastre donde estamos. Imploramos a Nuestra Señora de Chiquinquirá, Patrona de Colombia, que ilumine a quienes deben tomar las decisiones para que cambie definitivamente el rumbo del País. Y, como lo ha dicho tantas veces Tradición y Acción en sus continuos pronunciamientos públicos, podamos obtener la verdadera paz que todos queremos, muy lejos de las nefastas claudicaciones que solo generan más caos y violencia. Sociedad Colombiana Tradición y Acción Eugenio Trujillo Villegas Director]]>

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