Conferencia Episcopal Colombiana, al dar acogida humanitaria en una de sus sedes al terrorista y narcotraficante alias Jesús Santrich. Este dirigente de las FARC estaba preso en la Cárcel La Picota, en Bogotá, y al comenzar una propagandística huelga de hambre para exigir que cesen las investigaciones judiciales de que es objeto,  fue trasladado inicialmente a una clínica.    Es de señalar que según la doctrina moral católica, no es lícito a nadie obtener beneficios judiciales a su favor con la amenaza del suicidio, incluido en ello la huelga de hambre, tal como lo está haciendo el Sr.  Santrich desde hace un mes, a pesar de lo cual parece gozar de buena salud. Alegando que esto no fue suficiente como medida humanitaria, el pasado jueves 10 de mayo fue trasladado a una sede de la Conferencia Episcopal, donde se le ha ofrecido una atención privilegiada mientras dura su protesta contra el sistema judicial colombiano. Sería bueno recordar a los señores obispos de Colombia, por si acaso lo han olvidado, que el Sr.  Santrich es miembro del Secretariado de las FARC desde hace muchos años, y en cuanto tal es responsable del asesinato del Arzobispo de Cali, Monseñor Isaías Duarte Cancino. Igualmente, también es responsable de miles de asesinatos de soldados, policías, campesinos y empresarios; de otros tantos miles de secuestros perpetrados por las FARC; del reclutamiento de miles de niños para la subversión; de la violación de muchos de ellos; de los abortos practicados contra su voluntad por centenas de mujeres, congregadas hoy alrededor de la Corporación Rosa Blanca; y de muchísimo otros crímenes que no es necesario enumerar porque cualquier persona los conoce. ¿Alguna vez los colombianos hemos visto de parte de los Obispos de Colombia una magnanimidad similar con cualquiera de estas miles de víctimas? Con absoluta certeza podemos decir que NO. En consecuencia, nos dirigimos a Ustedes con el mayor respeto, pero también con la mayor firmeza, para solicitar a la Conferencia Episcopal que se retracte de la decisión de acoger en su casa a un criminal y a un terrorista como el Sr. Santrich, que tanto daño le ha hecho a Colombia y a la Iglesia Católica. Semejante actitud del órgano que representa a los señores Obispos de Colombia es una gravísima injusticia y una falta de respeto a todo el pueblo colombiano y en especial a todos aquellos que han sido víctimas de las FARC. En consecuencia, solicitamos que sea devuelto cuanto antes a una cárcel, que es donde debe estar. Y si su estado de salud lo justifica, entonces a una clínica, en su condición de presidiario, y sin los privilegios irritantes que Uds. le han concedido. No quiere decir esto que pedimos se le nieguen sus derechos fundamentales.  El Sr. Santrich tiene derecho a su defensa en el proceso criminal en que está incurso,  y también tiene derecho a todos  los cuidados médicos que necesite,  aunque su huelga de hambre sea contraria a la moral católica. Pero no tiene ningún derecho a recibir de la Iglesia Católica esta supuesta acogida humanitaria, que jamás se le ha dado a ninguna de sus miles de víctimas. Al firmar esta solicitud, cuya iniciativa es de la Sociedad Colombiana Tradición y Acción,  nos dirigimos también a Su Santidad el Papa Francisco, en El Vaticano, para solicitarle filialmente, como católicos y fieles devotos de la Iglesia, que intervenga con su autoridad y su sabiduría para corregir esta grave situación, que ha generado gravísimo escándalo en el País. Colombia, Mayo 10 de 2018]]>

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