Recientemente el candidato a la presidencia de Colombia Gustavo Petro afirmó escandalosamente que quería uno de los ingenios azucareros más prósperos del país para repartir las tierras entre los pobres.

Haciendo eco a este artículo, uno de los principios morales en que se basa la propiedad es ni más ni menos que uno de los 10 Mandamientos de la Ley de Dios NO DESAER LOS BIENES AJENOS. Petro no solo lo trasgrede públicamente más lo esparce y difunde entre sus fascinados seguidores pero también en aquellos engañados que aún piensan votar por él

Saeta


Entre las legiones de quienes creen que la satisfacción humana no depende de mejorar material, intelectual y moralmente, sino de que los que mejor estén empeoren, encontramos a quienes argumentan que incluso en otras especies de animales sociales –principalmente primates– ya habría un reclamo instintivo de igualdad. Las conductas de los primates han sido muy bien estudiadas. Y sí. Hay primates que exhiben conductas envidiosas. No se deduce de ello que debamos considerar el pináculo de la filosofía moral a la conducta envidiosa del mono capuchino. Aunque hay conductas exclusivamente humanas –y son claves de la civilización como evolutivo orden espontaneo– en muchas otras –también claves de la sociedad humana– la diferencia en última instancia es de grado. Es la amplia gama comparativa de fines imaginados y medios descubiertos. El asunto no está en si compartimos a cierto nivel la moral del mono capuchino de manera más o menos instintiva. Eso es indiscutible. Es si guiándonos única y exclusivamente por esa moral primitiva sería posible la civilización. He insistido repetidamente en que de la legitimación de la envidia depende la convicción moral de los socialistas. Los principales enemigos de la libertad en muestreos tiempos. Es poco acusar de envidiosos a quienes resultan ser, de hipócritas y corruptos a criminales y genocidas. Pero es necesario establecer que ese envidioso reclamo –posiblemente pre-humano– es la base de todo igualitarismo. E igualitarismo colectivista es lo común a todo socialismo. Es porque su torcida moral se reduce a envidia que los socialistas están tan preocupados por la desigualdad, al tiempo que son tan indiferentes a la pobreza real. Mientras a los liberales no nos importa la desigualdad, y sí nos preocupa la pobreza –no relativa sino absoluta como en realidad es– Entre los intelectuales que proponen rehacer la sociedad para ajustarla forzosamente a moral del antes citado primate, el más destacado hoy sería John Rawls afirmando que: “El Principio de Diferencia representa, en efecto, el acuerdo de considerar la distribución de talentos naturales, en ciertos aspectos, como un acervo común, y de participar en los beneficios de esta distribución, cualesquiera que sean (…) Los favorecidos por la naturaleza no podrán obtener ganancia por el mero hecho de estar más dotados (…) Nadie merece una mayor capacidad natural ni tampoco un lugar inicial más favorable en la sociedad (…) Nos vemos así conducidos al Principio de Diferencia si queremos continuar el sistema social de manera que nadie obtenga beneficios o pérdidas debidos a su lugar arbitrario en la distribución de dones naturales o a su posición inicial en la sociedad, sin haber dado o recibido a cambio ventajas compensatorias.” Fuente: Panampost.com]]>

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