N/R: Sobre tan importantes ofensivas del islamismo en occidente, ya el Profesor Plinio Correa de Oliveira habían alertado hace décadas. | Más información | Saeta De Roberto de Mattei El Presidente turco Recep Tayyip Erdoğan celebró oficialmente, desde hace algunos años, la fecha del 29 de mayo de 1453, que vio la conquista de Constantinopla por Mohammed II, y la del 26 de agosto de 1071, cuando en Manzinkert los turcos Seljuk de Alp Arslān derrotados El Ejército bizantino y fundó el primer estado turco en Anatolia. Nos imaginamos que la Unión Europea propuso celebrar solemnemente la victoria de Lepanto en 1571 o la liberación de Viena de los turcos de 1683. Los medios masivos de todo el mundo, controlados por los “fuertes poderes” que impulsan la política mundial, protestan con toda su fuerza contra este acto provocativo y islamofóbico. Pero la Unión Europea nunca tomaría esa iniciativa, porque en su Acta Constitutiva, el Tratado de Lisboa de 13 de diciembre de 2007, renunció definitivamente a todas las referencias a sus raíces históricas. Y mientras Erdogan reclama orgullosamente una identidad otomana, que ha sido definida en contra de la Europa cristiana, la Unión Europea sustituye el llamado a las raíces cristianas con la ideología del multiculturalismo y la acogida de los migrantes. La ofensiva del Islam contra Europa a lo largo de los siglos se ha desarrollado según dos pautas y ha sido liderada por dos pueblos diferentes: los árabes del suroeste y los turcos del sureste. Los árabes, después de conquistar el norte de África, invadieron España y cruzaron los Pirineos, fueron detenidos por Charles Martel en Poitiers en 732. Desde entonces se remontan progresivamente, para ser expulsados definitivamente de la Península Ibérica en 1492. Los turcos, después de haber subyugado el bizantino y parte del Imperio Habsburgo, fueron detenidos en Viena en 1683 por John Sobieski y en Belgrado en 1717 por Eugene de Saboya. Hoy, el avance islámico sigue las mismas direcciones. En el suroeste, es promovido por países como Arabia Saudita y Qatar, que financian la “Hermandad musulmana” y la construcción de una densa red de mezquitas en toda Europa. Al sudeste de Turquía exige entrar en la Unión Europea, amenazando, que de lo contrario inundará nuestro continente con millones de migrantes. El proyecto más peligroso es el de Erdogan, que aspira a convertirse en el “Sultán” de un nuevo imperio otomano que despliega toda su fuerza desde el Medio Oriente hasta Asia central. El Imperio Turco, entre 1299 y 1923, llegó a abrazar un vasto territorio que desde la costa norte llegó al Cáucaso y a las puertas de Italia y Austria. El objetivo de Erdogan es convertir a Turquía en el país impulsor de una zona aún más amplia, que se ensancha al este del mar Caspio, donde surgieron cinco nuevas repúblicas de la disolución de la Unión Soviética – Azerbaiyán, Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajstán y Kirguistán – constituye el núcleo de una comunidad en la que la religión islámica se funde con una identidad étnica-lingüística “turkoparlante” Es desde los años noventa que los turcos han empezado a mostrar a «200 millones de sus compatriotas” y que los estados turcos del este ven la necesidad de constituir”Una comunidad de Estados del Adriático a la gran muralla de China’, según la fórmula del entonces Presidente Halil Turgut Özal (1927-1993), a quien le encantaba hablar de la llegada de un siglo turco. Erdogan ha reanudado estas ideas, que han sido desarrolladas en la última década por su Ministro de relaciones exteriores Davutoğlu, hasta su caida en 2016. El fundador de la Turquía moderna, secular y secularizada, Mustafa Kemal Atatürk, consideró en el Islam un factor de desestabilización. Sus sucesores, desde Özal hasta Erdogan, creen que el Islam puede ser un elemento de agregación y cohesión social. El sistema educativo es un pilar del proyecto de Erdogan, tanto para extender la Sharia, incluso fuera de las fronteras turcas, a través de la Diyanet, el Ministerio de asuntos religiosos, y para imponer, a través del Ministerio de educación, la identidad lingüística, borradola de la revolución kemalista… El re-islamisación de estos territorios, a través de la construcción de mezquitas y el apoyo ofrecido al mantenimiento del Imam, estuvo acompañado de inversiones educativas para reintroducir, en escuelas y universidades, el estudio de la cultura otomana. Refiriéndose a los días del Imperio otomano, Erdogan dijo: «Los que piensan que hemos olvidado las tierras de las que nos retiramos llorando hace cien años, se equivocan. Decimos cuando surge la oportunidad de que Siria, Irak y otros lugares en el mapa geográfico de nuestros corazones no sean diferentes de nuestra patria. Estamos luchando para asegurar que una bandera extranjera no sea ondeada en ningún lugar donde se recite a un adhan [el llamado islámico a la oración en las mezquitas]. Lo que hemos hecho hasta ahora no es nada comparado con ataques aún más grandes que estamos planeando para los próximos días, inshallah [si Allah lo quiere]». El primer objetivo de Erdogan es la reconquista de las islas griegas del mar Egeo. El líder turco dijo que en 1923 Turquía «Ha vendido» Las islas griegas que «fueron nuestros» y donde «Todavía hay nuestras mezquitas, nuestros Santuarios». Erdogan indicó como finalidad del 2023, el 100 º aniversario de la República turca, y el Tratado de Lausana, que estableció las fronteras de las que ahora pide revisión. No son sólo palabras.]]>

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