Mejor será entonces que esta escultura permanezca como regalo político en el usurpado palacio de gobierno. Con la seguridad de que no le traerá al presidente un sentimiento de compasión con su país traidora y anticatólicamente gobernado. Que por restos de amor a Dios, no la vaya a llevar a Monserrate para desvirtuar los sentimientos de devoción y de piedad del Santo Cristo que, así haya sido tapado casi por todos sus costados, nos atrae y nos conmueve junto a verdaderas esculturas magníficamente talladas del Vía Crucis. El simbolismo de un amor mal entendido, de una paz mal concebida, de las angustias y los padecimientos de un país ni bien comprendidos ni bien valorados y entretejidos con medias verdades que se entrelazan al antojo de cada quien no son para nuestro Santuario de Monserrate ni para nuestra Patrona forzadamente traída desde su basílica en Chiquinquirá. Que ahora regresando a su “hábitat” (en su verdadero significado) nos perdone, tenga misericordia y pida por nosotros. Es bien verdad que fueron beatificados dos mártires precisamente por esta violencia de la ideología comunista a que nos referimos. Deberemos seguir a su ejemplo un camino por las sendas del martirio. ¿Será este el rumbo trazado para Colombia en este trágico y definitivo año de 2.017? Es la última pregunta que nos queda. Una mochila blanca, sin dibujos, como las que usan solamente los mamos. “Para los arhuacos el blanco tiene un significado sagrado porque representa la paz según le dijo Santos (1) Encíclicas Pio XI y de León XIII]]>

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