Es la verdadera paz que Él quiere para sus creaturas. ¡Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres de buena voluntad! Nuestros políticos, en cambio, buscan una paz con almas de rencor, con manos ensangrentadas y que tratan de definir, no como la tranquilidad en el orden, si no la paz de la democracia. Pero es la paz del cinismo. El resentimiento el odio y la sed de venganza atrajo a almas insaciables de poder, con la ideología del marxismo y del ateísmo y ahora la ideología de género “La religión es el opio del pueblo” y así lo consideran y para esto dedican sus vidas. Los más radicales a matar a quienes les contradice, pero sobretodo, los menos radicales, a matar la inocencia a matar esa verdadera paz que nos trae el Niño Dios.  Y matar hasta los principios que les dieron el poder, esto es la propia democracia que se lo otorgó, para pasar por encima de sus postulados, para engañar primero y subyugar después a todo un pueblo que pide otra cosa.  Ya no bailan los trompos se perdió la inocencia como reza el poema navidad01 navidad02                   Almas de espíritu igualitario que nos quitan los pinos, nos han quitado la alegría el ruido y las luces de la pólvora; nos cambiaron el pesebre de musgo por el de plástico. Ya traer al hogar un pino es considerado como una fechoría o traer a la sala las estrellitas de luces o las luces de bengala. Tampoco los globos ni los años viejos. Ya ni los trompos bailan …

Saeta
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