Palabras talismanes Que sea mejor un columnista que trate sobre este verdadero escándalo en la manipulación de las palabras. Son palabras técnicamente elaboradas con objetivos elaborados. Quien en estas semanas dice u opina algo sobre, la mal llamada paz y no usa desescalar no es aplaudido y es consirderado ignorante. Son palabras indefinidas que  locutores y escritores  usan a la moda interpretándolas como se les antoja y que son verdaderos talismanes con su imán y atractivo peculiar. Desescalar, ¿Qué significa? nadie lo sabe y todos aparentan saberlo. Pero con ello van engañando malévolamente y trasbordando el pensamiento de las personas. No es tan ingenuo como parecería de este artículo del escritor antioqueño y del que tomamos ilustrativas frases Que actual y que importante publicar el libro “Trasbordo Ideológico Inadvertido y Diálogo” del ilustre pensador Plinio Correa de Oliveira. Desde ya solitenos un ejemplar.


¿Desescalar el verbo? COLUMNISTA ARTURO GUERRERO El desescalamiento verbal ha sido rey de burlas en las últimas semanas. Se ha hecho de él una caricatura. Se han cogido las palabras para zarandearlas. Que a los criminales no se les diga criminales sino honorables contradictores, es una de las bromas que se arrojan sobre las pobres palabras. En el fondo de este desprestigio está la no criticada idea de que Colombia es país de poetas. Nos lo dicen desde niños, nos aseguran que debajo de cada piedra canta un vate. Pero nos han escondido la amargura: no somos país de poetas sino de versificadores que untan mantequilla y arequipe al lenguaje para enmascarar la realidad. Por eso las palabras perdieron filo, se volvieron pajaritos de oro. Bambucos, cartas a la madre y novia, intervenciones en velorios, discursos de grado y muchas otras oportunidades de utilizar palabras se transformaron en empalago, en sonoridades huecas. El verbo, así, se hizo mentira. Las verdades, entonces, se trasladaron a las groserías. Y las groserías se llamaron ‘malas’ palabras. Las buenas no servían para nada. Las malas tomaron su lugar y cortan como cuchillos. Se fabrican en cárceles, bajos fondos, cantinas, antros, donde la vida se juega a fondo con la muerte. Así las cosas, hoy el país está construido por palabras que destruyen. Está quebrado en el fundamento de la vida en sociedad que es la confianza. Nadie cree en nada porque nadie tiene palabras para nombrar con exactitud y nervio cosas distintas a las desgracias nacionales. Es cierto que las palabras no hacen el amor, pero solo el amor hace las palabras. Nombrar el mundo equivale a crearlo, pues cada persona se inventa mundo propio a partir de las palabras con que lo instala en su mente. Y crear un mundo es acto de amor o de terror. En esta elección se define la naturaleza de la realidad que cada cual asume como personal. El llamado al desescalamiento verbal es desafío al entendimiento que tenemos sobre este retazo arisco de tierra donde apenas sobrevivimos. Es invitación a reordenar afectos y repugnancias, de acuerdo con nuevas luces proyectadas en torno de los motivos de quienes nos rodean. Y finalmente es provocación a replantear las palabras, en el espíritu del siguiente pensamiento de Ludwig Wittgenstein: “la forma en que empleas la palabra Dios no muestra en quién piensas sino lo que piensas” . Fuente: El Colombiano]]>

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