¿Cómo han reaccionado el Gobierno y la sociedad civil cubana a las inéditas protestas del 11 de julio, en los dos meses transcurridos desde entonces? ¿Puede repetirse este estallido?

®Yender Zamora/AA/picture alliance

En las masivas protestas del pasado 11 de julio, muchos cubanos gritaron “tenemos hambre”, o exigieron medicamentos y vacunas. Pero, sobre todo, repitieron gritos de “libertad” y “abajo la dictadura”. Y los acompañaron con advertencias de “no tenemos miedo”. Fueron “demandas de poder participar en las decisiones políticas que se toman en el país”, dice a DW la artista visual y activista cubana Salomé García Bacallao.  

Represión violenta

La reacción inmediata del Gobierno y los medios estatales, sostenida hasta hoy, desestimó las protestas como “disturbios a escala muy limitada”, protagonizados por “mercenarios”, “vándalos” y “revolucionarios confundidos”: como consecuencia del “bloqueo” económico y de “operaciones comunicacionales” de EE. UU., pero jamás de la mala gestión de quienes se presentan como guardianes de “La Revolución”.

“La orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios”, ordenó ese día el presidente Miguel Díaz-Canel. Y dio luz verde así -tanto a las fuerzas del orden como a sus partidarios- para la represión estatal y paraestatal, “ejemplarizante”, recuerda el abogado Eloy Viera Cañive, dedicado a la educación jurídica de la ciudadanía cubana en la red. Tras un apagón de internet de más de 48 horas, también en Cuba circularon imágenes y testimonios de golpizas, balazos, y el Gobierno reconoció al menos un muerto, en un enfrentamiento con agentes.

Detenciones, desapariciones y juicios exprés

Esa primera respuesta se tradujo, además, en masivas detenciones de manifestantes durante y después de las protestas, usando videos de redes sociales y denuncias de simpatizantes del oficialismo para identificarlos. Así como en la celebración de más de 60 juicios sumarios, exprés y sin abogados defensores: “para dejar claro que los tribunales cubanos pueden entender la ocupación de espacios públicos como un acto delictivo”, opina Cañive.

“En lugar de libertad, hemos tenido cientos de personas encarceladas, muchas de las cuales estuvieron en algún momento en desaparición forzada”, denuncia por su parte Bacallao, quien colabora desde España en la elaboración y verificación de  un registro de casos, ante la escasez de cifras oficiales.

Tras controlar las protestas y sometido a presiones internacionales, el Gobierno matizó su discurso con una campaña oficial para “ponerle corazón” a Cuba, y reuniones de Díaz-Canel con sectores afines al oficialismo, como los periodistas estatales y líderes de determinadas denominaciones religiosas. Además, cambió los mecanismos de judicialización, observa Cañive: centenares de detenidos empezaron a ser liberados y cesaron los juicios sumarios.

Pero, según el registro independiente, de al menos 1020 personas detenidas, 505 continúan aún en esa situación, incluidos 12 adolescentes de entre 15 y 18 años, que pueden ser juzgados como adultos desde los 16 en la isla. De 416 personas excarceladas, muchas esperan juicio bajo medidas cautelares de libertad bajo fianza o prisión domiciliaria. Y la situación actual de las otras 97 ni siquiera se ha podido establecer.


Tomado de: Deutsche Welle (www.dw.com). (s. f.-a). Cuba: qué pasó con los manifestantes y las demandas del 11J. DW.COM. Recuperado 13 de septiembre de 2021, de https://www.dw.com/es/cuba-qu%C3%A9-pas%C3%B3-con-los-manifestantes-y-las-demandas-del-11j/a-59140138

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here