Breve tratado y consideraciones de la realidad actual a los ojos de Plinio Correa de Oliveira los, verdaderos orígenes de la guerra Oriente Occidente por donde  se llegó a este episodio de la peste China 

El orbe amarillo tras la conquista del mundo

Foto del representante de  la potencia Americana con le tirano más criminal de la historia (sus víctimas  80 millones de personas)  

NUNCA TANTOS SUFRIERON TANTO POR CAUSA DE UNO SOLO

 

El orbe amarillo tras la conquista del mundo

 

INDICE

 

  1. Artículo de sus discípulos de la TFP Lusa (el Lidiado)
  2. Artículo de su discípulo Julio Loredo TFP Italia
  3. Un profeta de la política desastrosa de Occidente a partir de un juego de Ping-pong
  4. Telegrama de PCO difundido por todas las TFP de América al presidente de Estados Unidos.
  5. Noticia del resurgimiento de Henry Kissinger 

 

 

  1. Artículo de sus discípulos de la TFP Lusa 

 

La Gripe, China,  la Revolución Cultural y Fátima

Introducción

Este texto fue redactado, esencialmente, por el núcleo de personas que en los idos de los años 70, en sus jóvenes años universitarios o secundarios, fundaron el Centro Cultural Reconquista originalmente en la ciudad de Coimbra y en el entorno de su reputada Universidad, en Portugal. Dicho Centro nació y estuvo hasta muy recientemente hermanado con la Sociedad Uruguaya de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad y otras TFPs. del mundo entero. Aunque gobernadas de manera independiente, estas Asociaciones cultivaban su afi nidad en la común inspiración que nutrían por el pensamiento y maneras de actuar del recordado intelectual brasileño, el Profesor Plinio Corrêa de Oliveira. Quienes en nuestro país recordamos este pensamiento y accionar con especial cariño nos pareció oportuno hacer circular este documento que dilucida nuestro momento histórico crucial y refl eja una inspiración que desde siempre es también nuestra.

T anto la perspectiva histórica como el análisis riguroso de los hechos favorecen una percepción clara y objetiva de la realidad actual y futura. Por esta razón, decía nuestro gran padre Antonio Vieira: “Si en el pasado se ve el futuro, y en el futuro se ve el pasado, se sigue que en el pasado y en el futuro se ve el presente porque el presente es el futuro del pasado y el mismo presente es el pasado del futuro”. 1

Hace cerca de tres décadas se derrumbó el muro de Berlín, con estruendo y vergüenza, y el mundo soviético, punta de lanza del imperialismo comunista que propugnaba el establecimiento de Estados totalitarios en todo el mundo, los cuales, a su vez, deberían llevar a la humanidad a una absoluta “igualdad” entre todos los hombres y a una radical “libertad”. El igualitarismo radical y anárquico era el objetivo fi nal. No piense, sin embargo, que tal objetivo fue entonces abandonado. La caída del muro no fue, por más que muchos dijesen lo contrario, el canto del cisne del comunismo. Permanecieron bajo el mismo yugo totalitario Corea del Norte, Vietnam, Cuba, China Maoísta, Venezuela y muchos otros países, especialmente en África …

Veinte años antes de la caída del comunismo soviético ya había sido anunciado, para quienes quisiesen verlo, una de las metamorfosis 

por las que pasaría  el colectivismo. Este anuncio ocurrió en París: en Mayo del 68. La Revolución Cultural reivindicó entonces transformar radicalmente las mentalidades y se abrió así un nuevo capítulo en la Guerra psicológica revolucionaria. Se anunciaba entonces una guerra de conquista psicológica total apuntada al hombre en su integridad.

Una de las modalidades de esta guerra psicológica post-Sorbonne, que muchos autores socialistas2 y comunistas consideraron como indispensable para escapar del pantano en que estaba sumergido el comunismo, que había terminado por revelar toda su horrible fisionomía sanguinaria entre “gulags”, deportaciones masivas, genocidios y campos de trabajos forzados, sería una transformación furtiva y silenciosa operada a partir de entonces en la vida cotidiana de los países “capitalistas” en sus costumbres, mentalidades, formas de ser, de sentir y de vivir …  Tal transformación prepararía así los cambios socio-económicos diseñados para someter totalmente las conciencias al estado totalitario todopoderoso.

Esta fase revolucionaria desatada a partir de entonces es, en realidad, una guerra psicológica sutil y tendencial que tiene como objetivo hacer posible la anhelada utopía igualitaria y libertaria. Sin estos cambios, las victorias revolucionarias en el campo político-ideológico resultarían necesariamente efímeras ya que las reacciones inevitables a la implementación del totalitarismo colectivista serían siempre un obstáculo para que avanzase el proyecto pretendido

 

Durante los últimos treinta años sucedió eso, precisamente. Brotó por el mundo un gran movimiento de resistencia a esta agenda única que se había convertido en la principal promotora del aborto, de la eutanasia, de la unión y la adopción homosexual, de la ideología de género, del ecologismo, del animalismo, etc. Países con gran importancia en la geo-política global han presenciado el despertar del letargo de su opinión pública que empezó a elegir políticos que se presentaban, de alguna manera, como adversarios de dicha agenda. Podemos así afirmar que la revolución perdió terreno.

 

Mientras todo esto sucedía, el gigante chino, estimulado por las concesiones faraónicas occidentales que comenzaron con la visita de Nixon a China, en 1972 4, por los acuerdos suicidas de Shanghai,5 y por un relajamiento parcial interno del sector privado – bajo la forma de un “capitalismo salvaje” –  aunque sin abandonar para nada su comunismo totalitario y ferozmente despótico, comenzó a tomar una posición claramente dominante en la escena internacional6 con el objetivo de – en palabras de Xi Jinping – “recuperar todo el poder de China imperial”. 

 

Las naciones occidentales “estúpidas y decadentes” colaboraron con entusiasmo para maximizar el poder amarillo.7 Este último, por su parte, se ha dedicado mientras tanto a aumentar su potencial bélico, siempre servido por el portentoso aparato de un partido con sus supuestos 90 millones de miembros, y avanzó por todo el mundo adquiriendo innumerables bancos, empresas, establecimientos comerciales, tecnología de punta, materias primas y bienes de toda  especie. Comenzaron a instalar bases militares en el puerto estratégico de Djibouti (Mar Rojo), en el sur de Argentina, en el norte de Afganistán, en numerosas islas y atolones de la India y el Pacífico, y en diferentes puntos de la llamada “Ruta de la Seda”. También pasaron a controlar puntos estratégicos en el planeta a cambio de infraestructura que los países necesitaban pero no podían pagar. Es el caso del puerto más importante de Sri Lanka, la vía ferroviaria de Benguela, en Angola, de varias obras en Mozambique, del puerto de El Pireo en Grecia o del aeropuerto de Toulouse en Francia. Diez por ciento de los puertos europeos han ido pasando al control chino por este proceso.

 

Un pueblo férreamente disciplinado por la estatolatría y benévolamente acogido por la OMC nos ha inundado con su productos – muchos de ellos falsificados y a precios irresistibles – compitiendo aplastantemente en la economía de mercado. Competición tantas veces desleal por el coste extremadamente bajo de su mano de obra que resulta imposible calificar a no ser como “esclava”.

 

Por lo tanto, lo mínimo que se podría esperar de tal poder – dotado ahora con un increíble aparato militar – es que buscase la expansión de su influencia e ideología en una maniobra geo-política colosal.

 

Ahora, precisamente en este año de 2020, de repente nos encontramos como por arte de magia, con que el modus vivendi chino está desplegado por casi todo Occidente. De hecho, desde que se diseminó la nueva y peligrosa gripe originada en ese país, las personas fueron repentinamente confinadas en casa, sin libertad de movimiento y en una total sujeción a los deseos del Estado. Hasta las iglesias fueron cerradas y los fi eles privados de los sacramentos, incluso los moribundos. Justo en Cuaresma, Semana Santa y Pascua en que las ceremonias litúrgicas del momento fueron desterradas de las Iglesias… 

 

Al igual que en China, las libertades en general han sido completamente restringidas y pasaron a control del poder central. Esta crisis, amplificada ad nauseam por los medios de comunicación9, desencadenará inevitablemente una catástrofe económica gravísima en todo Occidente, ya confirmada por la mayoría de los economistas de reputación, lo que hará que los occidentales dependan incluso más de los respectivos Estados y, en definitiva, de China. De repente, y de modo sorpresivo, ésta aparece curada de su gripe y se prepara para  controlar toda la economía global de un mundo sin fronteras.

Curiosamente en todo el mundo occidental los partidos de izquierda, de centro izquierda y los ecologistas, parecen darse cuenta de que todo esto los lleva exactamente a donde querían. El “Courrier Internacional”, corifeo de las izquierdas mundiales, suplemento de Le Monde que en Portugal es una revista mensual, ha afi rmado reiteradamente que sólo el pánico podría cambiar la forma en que viven los consumistas.10 En una de sus portadas llegó a preguntarse de modo solemne si no había llegado la hora de imponerle al mundo la agenda climática y suprimir ciertas libertades públicas.

El securitarismo actual se obstina en ver a la OMS como si fuera un oráculo de la verdad. Su Director General declaró hace algunas semanas que la gripe actual constituía una pandemia. Los tubos de los medios continúan haciéndole eco a sus palabras en tono redundantemente apocalíptico. Sin embargo debe tenerse en cuenta que este caballero es un marxista militante, ex ministro de salud de Etiopía, mezclado en diversas controversias en su país, como la de haber encubierto epidemias de cólera y estar acusado de graves escándalos de corrupción fiscal. Otro detalle inquietante: el gobierno comunista chino no dejó de manifestar especial regocijo cuando fue nombrado director de Director General de la OMS.

Por otro lado cabe señalar que el Covid-19, aunque provoque una mortalidad elevada, ni siquiera llega cerca a los números fatales de otras epidemias, como la tuberculosis o la gripe española o neumónica. Esta mató a 50 millones de personas e infectó a más de un tercio de la población mundial en los años 1918 y 1919,11 causando más muertes que la Primera Guerra Mundial. A su vez, la gripe H1N1 mató entre 200 y 400 mil personas según varias estimaciones sólo en el año 2009.12 En la última década hubo un aumento dramático en el número de variantes serias del virus infl uenza que transita a la población humana a partir de concentraciones de animales.

También debe tenerse en cuenta que la gripe Covid-19 vulnera de manera especialmente letal o peligrosa a quienes ya están fragilizados por varias otras razones y, aunque todavía no haya vacuna, la gran mayoría de las personas infectadas (más del 80%13) se recupera naturalmente por la reacción de sus propios anticuerpos o con medicamentos ya disponibles para enfermedades parecidas pero altamente eficaces contra el coronavirus.14

Sin embargo, las imposiciones de la prensa y la de muchos funcionarios del gobierno, contrariando la opinión de los científicos de reputación, es de que se ha hecho imperioso imponer una drástica cuarentena, un confinamiento en casa y establecer cordones sanitarios en torno de las ciudades lo que obliga al cierre de la mayoría de las empresas. Tal parálisis, que muchos especialistas consideran contraproducente desde un punto de vista epidemiológico15, producirá inevitablemente consecuencias conónicas catastróficas, con sus secuelas de desempleo, hambre, trastornos sociales e incluso guerras. Al mismo tiempo, aquí y allí, van apareciendo voces de sirena seductoras anunciando el advenimiento de un cambio radical en el paradigma social y económico a nivel mundial rumbo a una sociedad claramente miserable. Otros van diciendo que el mundo nunca volverá a ser el mismo y que, como consecuencia, tendremos que adaptar radicalmente nuestros hábitos

Al respecto sería oportuno regresar hacia una perspectiva histórica y situarnos a principios del siglo 20 cuando otra gripe, llamada española o neumónica, de hecho causó una verdadera hecatombe. Dos de sus víctimas fueron los pequeños pastores a quienes se había aparecido la Virgen María: Francisco y Jacinta Marto.

En un lugar perdido en la Serra d’Aire, un evento histórico acababa de poner a Portugal de nuevo en el centro de la historia en el año 1917. Fueron las apariciones de Nuestra Señora en Fátima, cuando concomitantemente estallaba la revolución bolchevique en Rusia. El milagro del sol, las predicciones sobre las guerras mundiales, sobre la expansión de los errores del comunismo y la futura conversión de Rusia marcaron una impresionante manifestación de la divina misericordia. La Madre de Dios había venido a pedir una verdadera conversión de los pueblos en un gran movimiento de oración y penitencia que evitaría las calamidades de la guerra, las revoluciones y el hambre, a pesar de haberse dirigido a tres niños en un pueblo perdido que ni siquiera sabían lo que significaba la palabra Rusia.

 

Siempre ha sido doctrina de la Iglesia que las pestes, la hambruna y la guerra16 son castigos de Dios causados por la infidelidad de los hombres hacia su Creador. “Las guerras no son más que castigos por los pecados de hombres”, dijo la pequeña Jacinta, ahora elevada a los honores de los altares.

 

Esta es otra clave para analizar los eventos de nuestros días: la clave sobrenatural. El gran ausente de los tubos mediáticos, de las consideraciones de la mayoría de los gobernantes e, incluso, desafortunadamente, de los propios hombres de la Iglesia, es Dios, Nuestro Señor. El hombre moderno, cada vez más incrédulo, desprecia cualquier consideración que supere lo puramente horizontal, natural, prosaico y terrenal. El análisis de los números referentes a la salud pública, a la economía, a la geopolítica, la educación, etc., omiten como desdeñables cualquier referencia al Creador de los Cielos y la Tierra.

 

Las iglesias han sido cerradas. Los sacramentos, negados casi por completo, incluso a los desafortunados moribundos. El Santo Sacrificio de la Misa, con la presencia real de Dios en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad, se le niega a los fi eles quienes parecen haber regresado a los tiempos de las catacumbas.17

En cualquier caso, la victoria sobre los errores que Rusia difundió por el mundo, anunciada en Fátima por la Madre de Dios, vendrá. ¡El triunfo del Inmaculado Corazón de María es del todo seguro!

La peste, que podrá producir hambre y quizás la guerra, siempre fue,  repito, considerado por la doctrina tradicional de la Iglesia como un castigo merecido por los pecados de los hombres. “¡Por fi n mi Inmaculado corazón triunfará!” Esta fue la gran promesa de Nuestra Señora en Fátima. Sin embargo esto no significa que antes de que así suceda la humanidad no tenga que ser purificada a través de pruebas tremendas. Castigo merecido por la apostasía generalizada tanto de los gobernantes, temporales y espirituales, así como de los pueblos que aceptaron sin indignación vivir en un mundo donde se pisotea la Ley de Dios por una legislación que permite la eliminación diaria de criaturas inocentes por medio del crimen de aborto – ¡más víctimas aún que del coronavirus! (¡Cada año en Portugal se practican 15,000 abortos!); una legislación que también abrió la puerta al divorcio, a la eutanasia, al llamado matrimonio entre personas del mismo sexo y a las peores perversiones desde la pornografía y la profanación de la inocencia de los niños, a prácticas que son contrarias a los derechos de Dios y a los principios de la civilización cristiana.

A pesar de todo, la victoria sobre los errores que Rusia difundió por todo el mundo – ahora propagados en buena medida también por China – esta victoria anunciada en Fátima por la Madre de Dios, vendrá. ¡El triunfo del Inmaculado Corazón de María es segurísimo!

 

  1. Artículo de sus discípulos de la TFP Italiana, Julio Loredo

 

Repensando  China

 

” Nos veremos obligados a revisar nuestras relaciones” .

 

Esta es la intimidación dirigida por el presidente chino Xi Jinping a Donald Trump, obstinado al llamar a COVID-19 un “virus chino”. Y el exuberante presidente de los Estados Unidos de América, líder del mayor poder económico y militar de la historia, tuvo que presentar: a través del adjetivo “chino” … Poco antes, el jefe de la cabeza había sido el presidente brasileño Jair Bolsonaro, culpable de Dicho esto, el coronavirus vino de China. No podía permitirse perder el mercado chino. Ante él, y por la misma razón, el presidente argentino Alberto Fernández tuvo que bloquear una investigación sobre acuerdos secretos con China firmados por el gobierno anterior. La lista continúa.

 

Y no hablemos de nuestros agotados gobernantes europeos: ni siquiera se atreven a plantear la pregunta …

 

Al ejercer su supremacía económica, con una arrogancia surrealista, China se permite reescribir la historia a su manera. Con chantaje y propaganda logró pasar de criminal a heroína en unas pocas semanas. La epidemia de coronavirus comenzó precisamente en China y se extendió gracias al abandono y la arrogancia del gobierno comunista de Beijing, como muchos expertos han informado ahora. A pesar de esto, China se presenta hoy como una modelo e incluso una mujer samaritana, imponiendo su línea en un Occidente triste y subyugado.

 

Uno de los grandes enigmas de nuestro tiempo, un verdadero misterio de iniquidad, es cómo Occidente, que se jacta de su carácter democrático y liberal, fue capaz de someterse tan servil a un gobierno dictatorial dominado por un Partido Comunista. Y cómo los magnates de la industria y las finanzas, que se jactaban de haber creado la civilización más rica de la historia, dejaron que esa riqueza, junto con el poder que conlleva, pasara a manos de un poder enemigo. Con el fin de ganar más dinero, Occidente, consciente y voluntariamente, ha colocado su cabeza en la guillotina. ¿Puedes preguntarte ahora que el verdugo tira de la palanca?

 

Una voz profética

 

Aún así, esta situación era perfectamente predecible y, por lo tanto, evitable. Es una consecuencia de la política ciega y suicida de Occidente hacia el comunismo chino, contra la cual, en la década de 1930, se elevó la voz de Plinio Corrêa de Oliveira.

 

En 1937, el líder católico denunció cómo Estados Unidos estaba armando repentinamente a los comunistas chinos, junto con los soviéticos: “El Departamento de Estado anuncia que las licencias para exportar armas y materiales de guerra a China en noviembre alcanzaron un total de 1.702 .970 dólares. También para la URSS, las licencias de exportación para material de guerra alcanzaron la suma de 805.612 dólares. (…) No entendemos cómo Estados Unidos vende armas a los comunistas, el enemigo más peligroso y abominable de la civilización ” .

 

En 1943, cuando la derrota del nazismo era solo cuestión de tiempo, señaló a futuros enemigos: el comunismo y el islam. Sin embargo, su mirada profética fue más allá: “El peligro musulmán es inmenso y Occidente no parece darse cuenta, ya que también parece cerrar los ojos al peligro amarillo” .

 

Después de la guerra, Occidente continuó ignorando este peligro, dejando que el comunismo se apoderara de China. Dos facciones compitieron por ese inmenso territorio: el Kuomintang, de orientación nacionalista, dirigido por Chiang-Kai-Shek, y el Partido Comunista Chino, dirigido por Mao-Tse-Tung. Este último fue apoyado por la Unión Soviética. En 1945, Plinio Corrêa de Oliveira denunció la interferencia de la URSS en China: “Si hubiera dudas sobre la falta de sinceridad de la Unión Soviética, es suficiente para ver qué sucede en China. A expensas de todo lo prometido, Rusia ha reavivado la guerra civil en China, a pesar de haberse involucrado de manera diferente en el tratado de paz firmado con Chiang-Kai-Shek. (…) Debemos enfatizar la gravedad internacional de esta agresión. (…) Esta actitud por parte de la Rusia comunista constituye un nuevo choque contra la pacificación del mundo. No podemos dejar de notar cuánto es el partido comunista chino un juguete del imperialismo ruso, que lo utiliza con la mentalidad más abierta para lograr sus objetivos internacionales ” .

 

Según Plinio Corrêa de Oliveira, la única política coherente hubiera sido derrotar a los comunistas, sin si y sin pero. En cambio, para no molestar a la Unión Soviética, Estados Unidos adoptó un enfoque diferente, que luego resultaría desastroso:“La política estadounidense en China apunta a forzar la unificación a través de un gobierno de coalición democrática entre Kuomintang y los comunistas. Pero nunca puede haber una verdadera coalición entre el Kuomintang y los comunistas. El objetivo de los comunistas no es hacer de China una nación democrática unificada, sino convertirla en una provincia bajo el yugo del totalitarismo comunista. Por lo tanto, es necesario ayudar a Chiang a extender la soberanía del gobierno central por toda China, lo que solo puede hacerse destruyendo la soberanía del gobierno rebelde comunista y liquidando sus atributos de poder independiente, ejército, policía, administración política, sistema financiero ” .

 

Con el apoyo de los soviéticos, que también ocuparon Manchuria, en 1949 Mao-Tse-Tung derrotó definitivamente a Chiang-Kai-Shek y estableció la República Popular de China, comenzando así la expansión hacia el Tíbet y el sudeste asiático. Mientras tanto, mostrando un accidente aterrador, Occidente dejó a Corea del Norte en manos de los comunistas, una medida que tuvo consecuencias catastróficas. A mediados de junio de 1950, con el apoyo de China y la URSS, los comunistas invadieron el sur, comenzando la Guerra de Corea. Después de un momento de desconcierto, el general Douglas McArthur, comandante de las fuerzas aliadas, entendió que la guerra no se estaba jugando en Pyongyang sino en Beijing y Moscú, y propuso un “conflicto a gran escala contra los comunistas”., una guerra total contra los comunistas, que incluyó el bombardeo de bases comunistas en China. Fue despedido sumariamente por el presidente Harry Truman, quien en su lugar eligió el camino del fracaso y el compromiso.

 

En un largo artículo publicado en enero de 1951, Plinio Corrêa de Oliveira enumeró “los errores de Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial”, incluyendo: “Frente al expansionismo comunista, el Departamento de Estado, en lugar de oponerse a una resistencia energética, el indirectamente favoreció con su actitud sumisa. (…) En Asia, las cosas fueron peor. El presidente Truman decidió continuar la política de confiar en el comunismo chino, como lo había hecho su predecesor. (…) Con este colapso, el destino del Lejano Oriente ahora estaba marcado ” .

 

En la década de 1960, la URSS y China comenzaron una puesta en escena, simulando una ruptura para engañar a Occidente. Plinio Corrêa de Oliveira nunca creyó en este movimiento. Escribió en 1963: “Es solo una trampa, que terminará envolviendo al hombre occidental, estúpido y risueño, superficial, agitado y débil, que vive en el mundo de las apariencias. (…) Los comunistas estarán muy agradecidos por esta extraordinaria temeridad de los occidentales ” . Y en 1967: “La división entre la ‘línea rusa’ y la ‘línea china’ no es más que un farol” . Sordo a tales advertencias, Occidente continuó con la política ciega y suicida de favorecer a China en una clave antisoviética.

 

 

La “semana que cambió el mundo”

 

De fracaso en fracaso, llegó a un gran giro: el viaje del presidente Richard Nixon a China en febrero de 1972, al que el pensador católico brasileño atribuyó una importancia de época. El pretexto era adquirir una posición dominante en China, como para poder contrarrestar a la Unión Soviética. Plinio Corrêa de Oliveira lo consideró, en cambio, el comienzo del fracaso final. El propio Nixon llamó a su viaje “la semana que cambió el mundo”.

Al escuchar la noticia del viaje, el 17 de julio de 1971, el líder católico brasileño dio una conferencia analizando el alcance y, con sorprendente previsión, predijo las consecuencias:

– Este viaje cambiará sustancialmente la percepción de la opinión pública occidental hacia la China comunista, presentándola desde un punto de vista más amigable: “caerán las barreras ideológicas para el comunismo chino” ;

– China será admitida en las Naciones Unidas, expulsando a Taiwán, y luego será nombrada miembro permanente del Consejo de Seguridad, asumiendo así el papel de poder mundial;

 

– “La guerra de Vietnam se está liquidando, en un espíritu de rendición y traición por parte de los Estados Unidos. Con el viaje de Nixon a China, Estados Unidos aceptó una enorme humillación que sugiere un fracaso también en Vietnam. En mi opinión, la guerra terminará con la rendición incondicional de los Estados Unidos ” ;

 

– “Los poderes anticomunistas del Lejano Oriente quedarán a su suerte (…) Nixon parece decidido a desmantelar el sistema anticomunista en el Lejano Oriente inexorablemente. (…) Esto obligará a los países del área a confiar en Beijing, en lugar de Washington ” ;

 

– “Hong Kong entrará en agonía. Creo que Inglaterra pronto reabrirá las relaciones con Beijing y entregará Hong Kong a los chinos ” .

 

Al final, Plinio Corrêa de Oliveira preguntó: “¿Quién puede decir que la expansión china no continuará?” . Obviamente, su creencia era que una vez que comenzara la expansión amarilla, nunca se detendría. Sobre todo porque Estados Unidos no había puesto ninguna condición política o militar.

 

A raíz del viaje del presidente Nixon, Estados Unidos firmó la Declaración de Shanghai con China sobre la cooperación entre los dos países. Plinio Corrêa de Oliveira dedicó una conferencia completa al Acuerdo, en conclusión, de lo cual comentó: “Dado el ingenio liberal de los estadounidenses y la astucia comunista de los chinos, el Acuerdo tendrá un resultado muy conveniente para los comunistas. Aprovecharán todas las oportunidades para avanzar. De ahora en adelante, las relaciones entre China y Occidente se desarrollarán sobre esta base: los chinos podrán aprovecharlo, mientras que los occidentales no lo harán ” .

 

El líder brasileño consideró que el Acuerdo de Shanghai era la peor catástrofe política del siglo XX: “Yalta fue una gran calamidad para Mónaco [Pacto Ribbentrop-Molotov]. Fue Mónaco multiplicado por Mónaco. El Acuerdo de Shanghai es Yalta multiplicado por Yalta! ¿A dónde nos llevará? No lo se Pero una cosa es segura: Occidente ya perdió esta guerra “.

 

Hay que decir que esta era la línea del gobierno estadounidense, y más concretamente, de la Secretaría de Estado. Sin embargo, en la audiencia hubo reacciones sustanciales a las que Plinio Corrêa de Oliveira dedicó algunas reuniones y artículos periodísticos.

 

Después de la muerte de Mao-Tse-Tung en 1976, Teng-Xiao-Ping tomó el poder, lo que inició la llamada “primavera de Beijing”, la primera apertura tímida del sistema chino al capitalismo, sin negar la ideología comunista. Todo en el espíritu del Acuerdo de Shanghai. Por lo tanto, Occidente comenzó a invertir en China. Plinio Corrêa de Oliveira advirtió que el flujo de ayuda occidental proporcionaría a China los medios necesarios para perseguir sus propósitos expansionistas:”¿Puede China aspirar a controlar la región, solo para expandirse? No hay falta de extensión territorial, una población sobreabundante y un apetito por la conquista. Sin embargo, para un esfuerzo tan grande, necesitará un potencial industrial y militar considerable, que el comunismo no le ha dado. La China comunista solo podrá desarrollar y alcanzar la superpotencia imperialista con la ayuda de las naciones capitalistas “.

Un proyecto de dominación imperial.

 

Plinio Corrêa de Oliveira murió en 1995 y, por lo tanto, no vio el pleno cumplimiento de sus predicciones. Hoy podemos decir con pesar: todo lo que había previsto lamentablemente se hizo realidad de la peor manera posible.

 

En 1980, el ingreso per cápita de China era más bajo que el de las naciones africanas más pobres. Hoy, China produce el 50% de todos los bienes industriales en el mundo. Todo esto, debe reiterarse, con el dinero y los conocimientos de Occidente, transferidos repentinamente a China siguiendo la lógica, o más bien la falta de lógica, del capitalismo salvaje y la globalización. Mientras que los occidentales llenaron a China de dinero y tecnología, los chinos siguieron escrupulosamente lo que un analista occidental llamó una “política bismarkiana”, es decir, un proyecto bien definido de dominación imperial.

 

Michael Pillary, uno de los principales expertos estadounidenses en China, examina bien este proyecto en su libro: «El maratón de los cien años. La estrategia secreta de China para reemplazar a los Estados Unidos como la superpotencia mundial “. Él muestra cómo la política estadounidense de llenar a China con dinero y tecnología, incluso militar, con la ingenua esperanza de que se convierta en un socio confiable, ha demostrado ser un boomerang: todo este tiempo los chinos han jugado el juego con segundas intenciones, aprovechando el ingenio occidental para adquirir una posición dominante, que hoy comienzan a ejercer como arma de dominación global.

 

Otro libro interesante es el del periodista británico Martin Jacques “Cuando China gobierna el mundo: el fin del mundo occidental y el nacimiento de un nuevo orden global” . Basado en estudios de mercado, proyecciones geopolíticas y análisis histórico, Jacques muestra cómo, si la tendencia actual continúa, China será el poder hegemónico en el siglo XXI, degradará a Estados Unidos e introducirá una “nueva modernidad” diferente de la actual. Según Jacques, China no es una “Nación de Estado”, sino una “Civilización de Estado” con vocación imperial, acostumbrada a ejercer un poder indiscutible.

La pandemia de Covid-19, sin embargo, parece haber cambiado las cartas.

Las responsabilidades de China en la pandemia que ahora afecta al mundo son cada vez más evidentes. Los únicos que lo niegan son los chinos, que también amenazan con castigos muy fuertes contra aquellos que se atreven a afirmar esta evidencia. A medida que la arrogancia de Beijing alcanza niveles surrealistas, Occidente comienza a preguntarse si no ha ido por el camino equivocado. “China nos infecta, nos compra y le agradecemos”, resumió la situación de Massimo Cacciari. También está creciendo un movimiento internacional para pedir un “Tribunal de Nuremberg” para determinar las responsabilidades chinas y posiblemente exigir una compensación.

 

Las declaraciones hechas por el cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon, capital de Myanmar, son muy claras: “Hay un gobierno que tiene la responsabilidad principal [de la pandemia], por lo que ha hecho y lo que ha hecho”. no pudo hacerlo, y este es el régimen del Partido Comunista Chino en Beijing. Me gustaría ser claro: es el PCCh el responsable, no el pueblo de China, y nadie debería responder a esta crisis con odio racial hacia los chinos. De hecho, los chinos fueron las primeras víctimas de este virus, al igual que durante mucho tiempo han sido las principales víctimas de su régimen represivo. Merece nuestra simpatía, nuestra solidaridad y nuestro apoyo. Pero es la represión, las mentiras y la corrupción del PCCh las responsables ” .

 

Precisamente lo que Plinio Corrêa de Oliveira afirmó en el ahora distante 1937 …

 

Omití las grandes responsabilidades del Vaticano Ostpolitik hacia la China comunista, que iba de la mano con la estadounidense y que, bajo el pontificado de Francisco, ha alcanzado excesos alarmantes. Abriría horizontes tan relevantes que merecerían un tratamiento separado.

 

Quizás Dios nos está diciendo algo con esta pandemia. Quizás ha llegado el momento de repensar nuestra estrategia hacia la China comunista ab imis fundamentalis . Mañana será muy tarde.

 

Pero para hacer esto necesitas coraje. Un coraje que no vendrá de nuestras fuerzas naturales, ya sean políticas, económicas o culturales. Aquí necesitamos la intervención de la gracia divina en las almas. Me pregunto: ante la inmensa tragedia que nuestro mundo está experimentando hoy, sacudida hasta los cimientos por esta pandemia, no ha llegado el momento de clamar al Cielo: ¡Perdón! El perdón! El perdón! Estoy seguro de que el Cielo nos responderá: ¡Penitencia! Penitencia! Penitencia! La conversión! La conversión! La conversión! Y, en medio del estruendo de los elementos celestes desatados, escucharás una voz tan dulce como un panal que dice: “¡Confía en mis hijos! ¡Finalmente mi Corazón Inmaculado triunfará! ” .

Un profeta  de la política desastrosa de Occidente a partir de un juego de Ping-pong

Noticia del resurgimiento de HK 

  https://www.pliniocorreadeoliveira.info/Gesta_020214.htm

TFPs telegrafían  a Reagan sobre Kissinger

Por todas estas razones, la TFP esperaba que el Jefe de Estado estadounidense encontrara alguna forma de resolver la desagradable situación inevitablemente creada por la presencia del Sr. Henry Kissinger en tan alto cargo. Lo que, según el telegrama, parecía “absolutamente indispensable para la preservación, en Iberoamérica , de la fe, la paz y la prosperidad”.

Publicado en 11 de los diarios y revistas más importantes de los Estados Unidos; publicado y destacado, por lo menos en 15 medios de comunicación de Brasil y varios en Ecuador, Colombia, Venezuela

1983

Telegrama de las TFPs a Reagan:

Kissinger, el hombre símbolo del espíritu derrotista que condujo a la entrega de Vietnam

 Kissinger, el hombre  símbolo de todas las verguenzas  que el Mundo Libre sufrió en Vietnam. 

 

El señor  HENRY KISSINGER es el hombre público cuyo nombre simboliza, a los ojos de la opinión pública mundial todos los deastres, todas las verguenzas que sufrió el Mundo Libre en Vietnam, así como todos los optimismos ingenuos, todas las improvidencias políticas todas las flaquesas y más aún todo el espíritu  derrotista que condujeron a la entrega de aquella nación.

 

En vista de este hecho, el nombramiento del Sr. Kissinger encabezará la comisión de alto nivel encargada de asesorar al gobierno de los Estados Unidos sobre la política centroamericana.

Es por eso que las TFP de  las tres Américas decidieron telegrafiar simultáneamente (1) al presidente Reagan, considerando que “el proceso vietnamita, que es característicamente comunista, se desarrolla cada vez más en el subcontinente centroamericano. También en América del Sur, las crisis Factores socioeconómicos más o menos artificiales, las agitaciones urbanas efervescentes, la propagación de la guerrilla rural, los rumores de tensiones y guerras entre las diversas naciones, todos imponen el miedo a una vietnamización a corto o mediano plazo.

Esta situación, evidentemente, solo es posible debido a la actividad política, cotidiana en Iberoamérica, del poder soviético, que mueve en ella una guerra psicológica incesante”.

Por todas estas razones, las TFP esperaban que el Jefe de Estado estadounidense encontrara alguna forma de resolver la desagradable situación inevitablemente creada por la presencia del Sr. Henry Kissinger en tan alto cargo. Lo que, según el telegrama, parecía “absolutamente indispensable para la preservación, en Iberoamérica, de la fe, la paz y la prosperidad”.

Tan contundente y con un despliegue enorme,  el maestro del futuro del mundo, altavoz del peor acto de gobierno Nixon, Kissinger, no es nombrado en ese alto cargo,  desaparece de la escena y ahora que sus sueños parece que se realizan, vuelve a asomarse con las directrices que ha querido imponer al mundo. 

 

Todo había comenzado en el hecho político más significativo del siglo XX

El presidente de l a mayor potencia del mundo libre, anticomunista,  enfrentada en la guerra fría con las mayores potencias comunistas Unión Soviética URSS y la del mundo amarillo  China, firma un acuerdo con el despotismo amarillo. . Mao Tse Tung y Richard Nixon estrechan sus manos festejadas con un memorable partido de ping-pong .

El mundo ya no sería el mismo la guerra continuaría con la implacabilidad comunista enfrentada al optimismo pacifista de Occidente , hasta el desenlace de nuestros días. Ahora sí se comprende la frase ¡ Nunca tantos sufrieron tanto por cusa de uno solo !   

  1. Cómo comienza el resurgimiento de Henry Kisssinger

 

Pasada la sorpresa y aclimatada la entrega de Vietman, posterior a la de Corea, vuelven a promoverlo para el futuro del mundo cuando pretendieron nombrarlo, para un alto  cargo diplomático que prepararía el ambiente para sus siniestos designios

 

Pero Plinio Correa de Oliveira  le sale al paso y pone en serios obstáculos esa política dirigiéndose al presidente de Estados Unidos con un telegrama ampliamente difundido por las entonces TFPs de toda Améruca. 

El sueño de entregar a Occidente a la revolución internacional encarnada en las dictaduras del imperio amarillo parecen cumplirse después de décadas  y ahora sale como que a proclamarlas a manera de triunfo: 

   

Henry Kissinger: “La pandemia de coronavirus alterará el orden mundial para siempre”

El ex secretario de Estado norteamericano publicó una columna de opinión en The Wall Street Journal sobre la crisis mundial por el brote . “Los Estados Unidos deben proteger a sus ciudadanos y, con urgencia, trabajar en la planificación de una nueva época”, afirmó

Henry Kissinger en el Foro Económico de Beijing, China [21 de noviembre de 2019] (Reuters/ Jason Lee)

“La atmósfera surrealista que ofrece la pandemia de la COVID-19 me recuerda a cómo me sentí cuando era joven en la 84a División de Infantería durante la Batalla de las Ardenas. Ahora, como a fines de 1944, existe una sensación de peligro incipiente, dirigido a ninguna persona en particular y que golpea al azar y devastadoramente”, escribió Henry Kissinger en su columna publicada el 3 de abril en The Wall Street Journal. Sin embargo, advirtió, hay una diferencia importante entre ese tiempo lejano y el nuestro: “La resistencia estadounidense fue entonces fortificada por un propósito nacional. Ahora, en un país dividido, es necesario un Gobierno eficiente y con visión de futuro para superar los obstáculos sin precedentes en magnitud y alcance global. Mantener la confianza pública es crucial para la solidaridad social, para la relación de las sociedades entre sí y para la paz y la estabilidad internacionales”.

Para el ex secretario de Estado norteamericano las naciones son coherentes y prosperan con la creencia de que sus instituciones pueden prever calamidades, detener su impacto y restaurar la estabilidad. “Cuando termine la pandemia de COVID-19, se percibirá que las instituciones de muchos países han fallado”, pronosticó. “La realidad es que el mundo nunca será el mismo después del coronavirus. Discutir ahora sobre el pasado solo hace que sea más difícil hacer lo que hay que hacer”, agregó.

 

El número de personas contagiadas por el coronavirus en Estados Unidos superó este sábado los 300.000, con más de 8.000 muertos en todo el país, según los últimos datos de la Universidad de Johns Hopkin. Además, el número de muertos en el estado de Nueva York, epicentro de la pandemia de coronavirus en Estados Unidos, trepó a 3.565 este sábado, tras registrarse un récord de 630 decesos en las últimas 24 horas, informó el gobernador Andrew Cuomo.

 

“La administración de los Estados Unidos ha hecho un trabajo sólido para evitar una catástrofe inmediata. La prueba final será si la propagación del virus puede ser detenida y luego revertida de una manera y en una escala que mantenga la confianza del público en la capacidad de los estadounidenses para gobernarse a sí mismos. El esfuerzo de crisis, por extenso y necesario que sea, no debe desplazar la urgente tarea de lanzar una empresa paralela para la transición al orden posterior al coronavirus”, aseguró.

 

Sin embargo, advirtió que la agitación política y económica que ha desatado podría durar por generaciones. “Ningún país, ni siquiera Estados Unidos, puede en un esfuerzo puramente nacional superar el virus. Abordar las necesidades del momento debe, en última instancia, combinarse con visión y programas de colaboración global. Si no podemos hacer ambas cosas a la vez, enfrentaremos lo peor de cada una”.

 

Extrayendo lecciones del desarrollo del Plan Marshall y el Proyecto Manhattan, afirma Kissinger, Estados Unidos está obligado a realizar un gran esfuerzo en tres dominios. Primero, apuntalar la resiliencia global a las enfermedades infecciosas. “Los triunfos de la ciencia médica, como la vacuna contra la poliomielitis y la erradicación de la viruela, o la emergente maravilla estadística-técnica del diagnóstico médico a través de la inteligencia artificial, nos han llevado a una complacencia peligrosa. Necesitamos desarrollar nuevas técnicas y tecnologías para el control de infecciones y programas de vacunación a escala de grandes poblaciones”.

 

Trabajadores sanitarios de Nueva York transportan cuerpos de víctimas fatales de coronavirus. El estado es el la zona roja de la pandemia en los EEUU. (Reuters)

En segundo lugar, apunta a que hay que esforzarse por sanar las heridas de la economía mundial. “Los líderes mundiales han aprendido importantes lecciones de la crisis financiera de 2008. La actual crisis económica es más compleja: la contracción desatada por el coronavirus es, en su velocidad y escala global, diferente a todo lo que se haya conocido en la historia. Y las medidas necesarias de salud pública, como el distanciamiento social y el cierre de escuelas y negocios, están contribuyendo al dolor económico. Los programas también deberían tratar de mejorar los efectos del caos inminente en las poblaciones más vulnerables del mundo”.

 

Tercero, finaliza, deben salvaguardarse los principios del orden mundial liberal. “La leyenda fundadora del Gobierno moderno es una ciudad amurallada protegida por poderosos gobernantes, a veces despóticos, otras veces benevolentes, pero siempre lo suficientemente fuertes como para proteger a las personas de un enemigo externo. Los pensadores de la Ilustración reformularon este concepto, argumentando que el propósito del Estado legítimo es satisfacer las necesidades fundamentales de las personas: seguridad, orden, bienestar económico y justicia. Las personas no pueden asegurarse esos beneficios por sí mismas. La pandemia ha provocado un anacronismo, un renacimiento de la ciudad amurallada en una época en que la prosperidad depende del comercio mundial y el movimiento de personas”.Las democracias del mundo necesitan defender y sostener los valores de la Ilustración. Un retiro global del equilibrio del poder con legitimidad hará que el contrato social se desintegre tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, esta cuestión milenaria de legitimidad y poder no puede resolverse en simultáneo con el esfuerzo por superar la pandemia. Todas las partes deben hacer un ejercicio de contención, tanto en la política nacional como en la diplomacia internacional. Se deben establecer prioridades.

 

“El desafío para los líderes es manejar la crisis mientras se construye el futuro. El fracaso podría incendiar el mundo”, advirtió.

 

Traducción: Gustavo Jalife

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