Mientras la pandemia de coronavirus sigue propagándose por el mundo Rusia, que comparte una extensa frontera de más de 4.000 kilómetros con China y 144 millones de habitantes registra sólo 253 casos, una víctima mortal (199 casos según el mapa del centro Johns Hopkins para la investigación del coronavirus).

¿Cual es la clave de este éxito?
Las autoridades rusas aseguran que todo está bajo control gracias a las medidas restrictivas impuestas desde el inicio de la crisis como el cierre de fronteras, el control de ciudadanos chinos e incluso la deportación de ciudadanos de China por saltarse las normas de cuarentena.

El medio del Kremlin Russia Today incluso ha rectificado la noticia para asegurar que la autopsia ha determinado que la mujer fallecida, de 79 años y con problemas médicos previos, murió en realidad por un coágulo de sangre y no por el COVID-19.

Vladímir Putin aseguró recientemente que se preparan para un aumento de casos y que han hecho un inventario con 40.000 respiradores artificiales y la fabricación de 100.000 pruebas al día para detectar el virus, resumiendo que “todo está bajo control”.

Tan confiado está el presidente que este mismo martes Putin ordenó seguir adelante con el referéndum sobre la reforma constitucional que le permitirá permanecer en el poder hasta 2036. La oposición critica que se mantenga la votación como un crimen contra los ciudadanos, especialmente los mayores y los de salud frágil.

Todo bajo control pero con medidas de precaución
Sin embargo en las últimas horas Rusia ha anunciado una batería de medidas estrictas como el cierre total de fronteras, la limitación de vuelos y el cierre de colegios, que han multiplicado las sospechas entre la población y los expertos sobre este supuesto control. Rusia también construirá un gran hospital a las afueras de Moscú al estilo de los erigidos por China en tiempo récord.

Además se ha aprobado un paquete de ayudas a empresas en previsión de una caída de la actividad económica.

El residente Vladimir Putin subrayó que al cerrar sus fronteras, Rusia había evitado una “epidemia masiva”. Aparte del cierre total de las fronteras, que está en vigor desde el miércoles, hay, sin embargo, pocas medidas de alcance nacional.

La capital, y algunas otras ciudades, han introducido restricciones a las reuniones y cerrado escuelas y sitios culturales, pero la mayor parte del país está viviendo normalmente.

El mensaje de las autoridades es claro: “No hay razón para el pánico. Todas las medidas adoptadas son de carácter preventivo”, subrayó la Viceprimera Ministra de Salud, Tatiana Golikova.

Este mensaje fue repetido el jueves por el Primer Ministro Mikhail Mishustin, quien sin embargo recomendó que los rusos “limiten sus contactos”, añadiendo que “muchos están empezando a darse cuenta de la gravedad de la situación”.

Los rusos toman medidas pese a la aparente calma del Gobierno
Desde el desastre nuclear de Chernobyl en 1986 hasta los gigantescos incendios de 2010, la historia soviética y rusa está llena de episodios en los que la primera reacción de las autoridades fue ocultar la magnitud de los daños.

“Vivir en Rusia significa sobre todo pensar por uno mismo, tratar de analizar la información de diferentes fuentes” y no confiar en las autoridades competentes, dice Sergei, un periodista deportivo de 29 años, saliendo de un supermercado de Moscú con los brazos llenos de comestibles.

Putin ha denunciado estos rumores “malvados”. Se ha creado un centro de crisis de informaciones sobre el coronavirus para eliminarlos en las redes sociales. Los mensajes que afirmaban que Moscú se pondría en estado de alerta, con toques de queda y patrullas policiales, circularon varias veces antes de ser borrados.

Las potencias occidentales acusan a Rusia de estar orquestando una campaña de desinformación para sembrar la confusión sobre la gestión de esta crisis sin precedentes. El último ha sido el portavoz del jefe de la Diplomacia europea Josep Borrell, que ha denunciado una campaña de desinformación que pone en peligro la vida de las personas.

En Moscú, la preocupación es real. Desde principios de semana, las imágenes de estantes vacíos en los supermercados han alimentado las redes sociales. Muchos moscovitas se han unido a su “dacha”.

La misma preocupación en San Petersburgo, donde 4.000 personas se han presentado para ser examinadas de coronavirus en las últimas 24 horas, según el vicegobernador Oleg Ergachev.

“No le temo a esta epidemia pero compré dos bolsas de trigo sarraceno. No le temo a esta epidemia, pero compré dos bolsas de trigo sarraceno”, dijo a AFP Svetlana Andropova, de 47 años, cliente de un supermercado de la antigua capital imperial.

Ante las incertidumbres, siempre queda incisivo sentido del humor de los rusos: “Cuando cruzas la frontera rusa, el coronavirus se reclasifica como gripe estacional” dice la última broma en boga.

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