Luis Alfonso García C.

Ha pasado a la historia la épica batalla de las Termópilas, en las que un grupo de 300 soldados espartanos frenaron al ejército más grande de su época al mando de Jerjes, el monarca persa que pretendía vengar la derrota sufrida por su antecesor Darío a manos de los griegos.

Hoy, parece que todos los males se han ensañado en nuestro pobre país y que no hubiera una luz al final del túnel. La extrema izquierda, resucitada con el Acuerdo Final, por medio del cual el gobierno de Santos claudicó ante la guerrilla, aparece cada vez más agresiva. Han sumido al país, con la complicidad de las Cortes, el Congreso, los medios de comunicación y la burocracia internacional de ideología marxista, en un régimen de absoluta ilegalidad, basado en un espurio acuerdo.

En lugar de la pretendida paz, vivimos el dominio de los grupos de narco-guerrilleros y carteles de la droga en vastos espacios de nuestro territorio. El crecimiento exponencial de los cultivos de coca nos ha convertido en un narco-estado, cuya balanza de pagos depende del ingreso de dineros de ilícita procedencia.

La familia tradicional, núcleo fundamental de nuestra sociedad, se encuentra sometida a la más denigrante aniquilación, merced a la ideología de género entronizada en nuestras instituciones y a la despenalización del aborto que se inventó la Corte Constitucional sin tener atribuciones para ello, con la complacencia del Ejecutivo.

La inseguridad, el imperio de la delincuencia y la impunidad vulneran la tranquilidad de los colombianos impotentes ante la falta de autoridad y la tibieza de quienes detentan el poder. Cada semana los habitantes de las grandes ciudades ven coartados sus derechos por turbas de vándalos que, con cualquier pretexto, obstruyen las vías públicas, agreden violentamente a la policía, dañan lo sistemas de transporte y dejan secuelas de daños a su paso, ante la mirada impávida de los gobernantes.

Nada ha cambiado para detener la corrupción que corroe la gestión gubernamental en todos los niveles y en todas las ramas del poder. La corrupta burocracia de Santos y Vargas Lleras continúa en el poder haciendo de las suyas y nadie se inmuta por ello.

No se combate la coca con fumigación aérea, ni se bombardean los laboratorios de la droga, ni se extradita a los capos, ni se declara la extinción de dominio de sus bienes, ni se restablece la interdicción aérea y marítima, ni se persigue el lavado de dineros, ni se controlan los precursores, ni se condena a nadie por narcotráfico.

La desesperanza y falta de credibilidad se ha apoderado de la mayor parte de la población, que califica con los peores índices de la historia a un gobierno que estaba llamado a devolver la tranquilidad a un país hastiado de las andanzas del binomio Farc- Santos.

Colombia necesita hoy más que nunca de 300 valientes que enfrenten esta catástrofe para emprender la titánica tarea de la Reconstrucción Nacional. Trescientos que formen una falange que, sin temor a nada y sin pedir permiso a nadie, se tome el Congreso, la Presidencia y los principales cargos del país en los próximos comicios.

Contamos para ello con la resolución suficiente y las fórmulas legales para eliminar todas las causas de nuestros males.

Contamos con el coraje necesario y la voluntad de servir al país, sin otro interés que poder contribuir en algo a dejar un país mejor a nuestros descendientes.

Contamos con unas mayorías silenciosas que a diario se pronuncian a favor de estos cambios que proponemos y que se han convertido en el propósito nacional de la Reconstrucción Nacional.

Contamos con la Divina Providencia que nos asistirá, en esta tarea en beneficio de todos, especialmente de los perseguidos, de los necesitados, de los marginados y de quienes no hacen parte de este moderno establecimiento levantado sobre la base de la corrupción, la mentira y la ilegalidad.

Esperamos la positiva respuesta de quienes quieran formar parte de esta falange comprometida a trabajar por la Reconstrucción Nacional desde las posiciones de mayor responsabilidad en el Estado. Ya nos cansamos de elegir a otros que, después de posesionados, actúan en contra de sus electores. Nos llegó la hora y no seremos inferiores a tan noble desafío.

lugarmed@une.net.co

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