Cinco claves del ataque contra España

Atentado España
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El atentado yihadista de ayer por la tarde, en Barcelona, es una muestra más de la vesania y la crueldad del terrorismo islámico. Éste trata de liquidar nuestros valores, principios y sistema de vida. En España hemos venido observando ―tal vez algo ajenos―, las sucesivas matanzas que se han producido en Francia, Alemania, Bélgica y Reino Unido, entre otros países europeos, en los últimos dos años.

Se escribe esto cuando todavía hay mucha confusión en las noticias que se ofrecen por variados medios. Es de suponer que nuestras autoridades estarán analizando el curso a seguir para afinar las defensas, frente al evidente incremento de la amenaza yihadista. El crimen en Barcelona no ha sido solo contra Cataluña. Ha sido contra toda España. En un análisis de urgencia, se podrían concluir los siguientes cinco puntos.

En primer lugar, que el terrorismo islámico ha movido su diana. Su línea de mira apunta ahora a España. Aquél, según va perdiendo posiciones en sus guerras en Oriente Medio, está trasladando el esfuerzo de su «guerra» hacia Europa. Y, en la búsqueda del mayor eco internacional de sus acciones, nuestro país, rebosante de turismo, aparece como un objetivo especialmente goloso para aquéllos. Me temo que hemos pasado, al menos de momento y por algún tiempo, a la primera prioridad en la macabra lista de objetivos de la firma Daesh/Al Qaida.

En segundo lugar, que habremos de blindarnos moral y técnicamente frente a ese incremento de la amenaza. La actuación frente al terrorismo islámico, que a todos nos alcanza, debería ser sujeto no solo de la mejor coordinación, sino incluso de una unificación en el mando y dirección de la acción antiterrorista en toda España. Y eso hay que visibilizarlo. El desplazamiento del presidente del Gobierno, señor Rajoy, a Barcelona, resulta ahora imprescindible. Juntos somos más fuertes y eficaces y podemos prestar el mejor servicio al conjunto del pueblo español, también en la compleja lucha antiterrorista.

En tercer lugar, que no son de recibo mezquinas actitudes para obtener una miserable rentabilidad política doméstica del dolor y la consternación causados por el atentado. Ejemplo a no seguir ha sido la información ¡en catalán! proporcionada por la Generalidad sobre el tema, en la tarde de ayer, a los medios nacionales y extranjeros. Igualmente, la aparición del presidente de la Generalidad, señor Puigdemont, en las televisiones nacionales y extranjeras, para hablar, naturalmente también en catalán, sin mención alguna a España ni a la actuación de las FCSE. Vaya, como si fuera el jefe de un Estado independiente. ¿Es que puede darse mayor nivel de estupidez, ruindad y óptica provinciana?

En cuarto lugar, que no hay suficiente control sobre las comunidades musulmanas en España. Los yihadistas se mueven por nuestro territorio con demasiada impunidad. Es duro decirlo, pero los terroristas encuentran en algunas de esas comunidades y mezquitas cobertura y apoyo. Sin éstos su libertad de movimientos estaría mucho más limitada. Es un hecho estadístico incontrovertible que el factor común en todos los atentados producidos en los últimos meses en Europa es la autoría de musulmanes.

Y, finalmente, habría que considerar seriamente la conveniencia ―a mi parecer evidente―, de elevar el nivel de alerta, en toda Cataluña, desde el 4 actual al nivel 5. O, al menos, en la zona metropolitana de Barcelona. Con un balance provisional de 13 muertos y 80 heridos, y cuando la opinión pública catalana está aterrorizada ante la posibilidad de nuevos atentados, la población de esa comunidad autónoma tiene derecho a que el Estado garantice el máximo de protección que pueda proporcionar. En consecuencia, ese nivel 5, que implicaría el despliegue de unidades de las Fuerzas Armadas en Cataluña, sería el mensaje honesto y tranquilizador que nuestra población allí necesita. Vaya, como sucede sin mayores problemas en, por ejemplo, Francia, Bélgica o Italia. Además, ello tendría otras saludables consecuencias…

Fuente: ABC.es

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