Ad maior gloriam Regnum Marie

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En las festividades del Profeta Elías y de Nuestra Señora del Carmen

Hoy 20 de Julio es un gran día para la Iglesia y para su historia. Se trata de la festividad que le ha dado origen a tantas cosas, a tantas manifestaciones a tantas alegrías y esperanzas. Entre ellas ha dado origen al nombre de nuestra página. Sea éste el momento de ofrecerlo y dedicarlo al profeta de la Antigua Alianza a quien fuera el fiel a Dios en épocas de tribulación, de confusión y de persecuciones a la verdad y a todos aquellos que esperaban al Mesías.

Tanto era su ardor, tanta su fidelidad de la que mucho se ha escrito y mucho está por escribirse. Luchó contra Acab a quien por quererlo convertir con el fuego de sus palabras, éste solo endureció su corazón por las intrigas de Jezabel y lo persiguió incansablemente. No le valieron las muestras que recibiera de que él era el verdadero escogido de Dios, como haber convocado a todos los falsos profetas ante sendos altares y solo el suyo prendió fuego venido del cielo; hecho que dio lugar a que aquellos 400 falsos profetas de Baal fueran sacrificados con el filo de su espada. No le valió el anuncio de que viendo una nubecilla en el horizonte, profetizara y enviara avisos al faraón de que la más terrible sequia hasta ese entonces en la historia estaba por terminar con lluvias abundantes. Imagen considerada como prefigura de la Santísima Virgen. De Ella a quien veneraba como el primero en toda la historia y que diera origen al Carmelo, monte desde el cual realizara sus proféticas hazañas.

Su celo incomparable en esta devoción y en su amor a Dios y deseos de la redención era tanto que no resistía seguir con vida viendo los pecados que clamaban al cielo y que se daban por toda parte. Un carro de fuego lo llevó al paraíso y es allí donde es él quien escribe el libro de la vida, el libro de la historia de los que están con Dios y los que están contra Dios. Allí espera para completar su misión en la tierra al fin de los tiempos. Por esto es el profeta de la Esperanza el de la Alianza y quien regresará dirigiendo a los justos y bienaventurados.

Para ver su actualidad ahora, justamente que festejamos las festividades de Nuestra Señora del Carmen, con desfiles y procesiones, que dan alegría y confianza trascribimos artículo del profesor Plinio Correa de Oliveira alusivo y muy ilustrativo:

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El Escapulario de la Virgen del Carmen

escapulario-virgen-del-carmenEl escapulario de Nuestra Señora del Carmen es una dádiva de la protección y del maternal cariño de la Reina del Cielo hacia los hombres. Su historia está estrechamente ligada a la Orden del Carmen, que se remonta según una antigua tradición a los santos profetas Elías, Eliseo y a sus discípulos en el Monte Carmelo, en Palestina.

De acuerdo con esa misma tradición, ellos ya veneraban a Aquella que vendría a ser la Madre del Redentor, simbolizada por la nubecita que apareció cuando San Elías pedía el fin de la prolongada sequía que asolaba (cfr. 3 Reyes 18, 41-45), y de la cual cayó una lluvia que reverdeció la tierra.

Estos ermitaños se sucedieron a través de las generaciones hasta la Edad Media, y cuando los musulmanes conquistaron Tierra Santa, tuvieron que huir hacia Europa. Allí enfrentaron grandes dificultades corriendo el riesgo de extinción.

Fue entonces que un carmelita inglés, San Simón Stock, hombre penitente y de mucha santidad, fue electo Superior General de la Orden. Angustiado con la situación en que se encontraban, comenzó a suplicar a la Virgen para que los protegiese.

El 16 de julio de 1251, mientras rezaba fervorosamente en su convento de Cambrigde (Inglaterra), se le apareció Nuestra Señora revestida del hábito carmelita, portando en sus brazos al Niño Jesús y extendiéndole un escapulario le dijo estas palabras:

“Recibe, queridísimo hijo, este Escapulario de tu Orden, señal de mi confraternidad, privilegio para ti y para todos los carmelitas. Todo aquel que muera con él revestido, no arderá en las llamas del infierno. Él es pues, una señal de salvación, una seguridad de paz y de eterna alianza”.

En 1314, la Madre de Dios se apareció nuevamente, esta vez al Papa Juan XXII, confirmando su especial protección a los que usasen el escapulario, y prometiendo además que los libraría del purgatorio el primer sábado después de su muerte.

Esto llevó a Pontífices, monarcas, religiosos de otras órdenes y personas de todas las condiciones a querer participar de este privilegio, recibiendo el escapulario como símbolo de devoción a María Santísima y de salvaguarda contra los enemigos del alma y del cuerpo.

 

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