Otra razón para el no

Cristina del Toro Columnista
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No sabe uno qué duele más, qué causa más indignación, si los insolentes comunicados de los narcoterroristas de las Farc, o las timoratas respuestas o silencios cómplices del Gobierno.

Cómo es posible que ante el anuncio que hicieron la semana pasada, de “poner fin a la incorporación de menores de 18 años a las Farc-EP”, el único pronunciamiento por parte del gobierno fuera las tímidas declaraciones del ministro de Defensa y negociador en La Habana Luis Carlos Villegas (entrevista agencia EFE), en las que en tono casi susurrante manifestó que “las Farc deberían suspender el reclutamiento definitivamente y liberar a los menores de edad que tienen en sus filas ya que se aproxima la firma de un acuerdo de paz con el Gobierno”.

“Yo creo que esa sería la decisión más racional” continuó diciendo el ministro, “parar el reclutamiento, el abastecimiento de armas y explosivos, pero sobre todo yo si quisiera el anuncio que lleva meses tal vez años, de las Farc de dejar en libertad, de dejar ir a sus casas y familias a los menores que tienen combatiendo”.

¿El ministro simplemente opina? ¡Por Dios! ¿A un mes de la firma del acuerdo y no hay ninguna exigencia?

Hace un año, exactamente, dijeron que iban a entregar todos los menores de 15 años y el señor De La Calle, jefe de la delegación negociadora del gobierno, dijo que celebraba la decisión, que era “un paso en la dirección correcta”, sin embargo, esta es la hora en la que no han liberado el primero.

¡No hay derecho a tanta a tanta blandura, a tanta sumisión!

¿Cómo puede el Gobierno firmar algo a sabiendas de que los bandidos de las Farc, tienen en su poder miles de niños que han sido arrancados a sus familias con violencia o mediante engaños y falsas promesas de dinero, y los tienen como combatientes o como objetos sexuales y sometidos a toda clase de vejámenes? ¿Cómo entender que a pesar de llevar cinco años de conversaciones y después de todas las concesiones del Gobierno, se acepte tan mansamente que esos granujas continúan, no solamente con esas prácticas perversas, sino también, abasteciéndose de armas, traficando con droga, extorsionando, sembrando minas, etc.?

¡No nos vengan con más cuentos! Si este fuera un proceso de paz serio, con verdadera voluntad de construir una paz “estable y duradera”, la primera condición para sentarse en la mesa de conversaciones hubiera sido la entrega de los niños, con la promesa solemne de que jamás repetirían esa infame conducta.

Lo anterior confirma que en Cuba, lo que se está negociando no es la paz, sino la transición al Socialismo del siglo XXI, a cambio de una merma en las hostilidades.

¡Pobres nuestros niños pobres! que si escapan a las garras de esas fieras asesinas, corren el riesgo de morir de hambre ante la mirada impávida de un Estado indolente y despilfarrador, que detrás de lujosas cortinas y repartiendo millones en almendras y chocolates, pretende esconder la más grande vergüenza nacional: el abandono de nuestros niños.

Otra razón para decir NO al plebiscito.

P.S. Tan grave la crisis de la Policía Nacional, como el manejo dado por el Gobierno. ¿Por qué hasta ahora se dignó el presidente Santos a crear oficialmente la “comisión de alto nivel” encargada de investigar las irregularidades que vienen ocurriendo en la policía, si fue anunciada desde diciembre pasado? ¿Qué esperaba? ¿Sacrificar la credibilidad de esa institución por sostener un individuo? ¿Por qué el ministro de Defensa amenazó al general Martínez diciéndole que le pasaría lo mismo que a Santoyo si no renunciaba? ¿Está cumpliendo órdenes de Cuba?.

Fuente: El Colombiano

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